Mayo 2017

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La uruguaya

“El mundo no es para los tipos como vos y yo. Eso de andar con varias minas, ganar mucha guita, reventarla, tener autos caros. No nos sale. Vos no podés porque en el fondo no querés. Preferís ser melancólico, como yo. Te incomoda la plusvalía.”

Pedro Mairal.

La uruguaya.

Libros del Asteroide.

No sé si también os pasa, pero yo necesito en ocasiones leer en español con voseo o meterme en una sala de cine y flotar en cualquier cosa en francés por mala que sea. Desde el primer día que salió de la imprenta, el papel aún caliente, quise leer esta novela. Me apetecía, además, sumergirme en la historia a ciegas y sin haber explorado siquiera las primeras páginas que siempre se pueden leer de balde picando en el mail de novedades de la editorial. Pero me pasaron muchas cosas aquellos días y hubieron de pasar algunos meses hasta que pude disponerme a leerlo. Mientras tanto, había oído algunas campanas que tañían que se leía con agilidad aunque sin más y había leído infinidad de reseñas que, destacando casi todas los muchos méritos del libro, subrayaban la misma cita. Decidí que si un libro tan breve tiene una sola frase (espléndida, aunque me niegue a repetirla aquí), perfectamente podía yo vivir sin leerlo. Hasta que un amigo que me conoce bien (leyendo) me insistió en que era realmente bueno y, de paso, me contó el argumento sin olvidarse de nada (como pude comprobar aunque, a día de hoy, siga sin explicármelo). Afortunadamente, Mairal ha escrito, libre de la menor brizna de relleno, una historia tan buena y bien contada, que es completamente irrelevante conocer la trama de antemano. La novela trata sobre el sexo, el amor y el dinero. Si para escribir (nosotras y nosotros) hace falta una habitación propia, también lo es, me parece, innegociable para amar. Mairal reflexiona sobre la evidente caducidad del amor en nuestras líquidas vidas y despoja de hipocresía la tremenda farsa que, casi siempre, se oculta detrás de cualquier pareja estable. ¿Y si sólo pudiéramos coger (linda palabra) con desconocidos?

“Debe haber un resultado químico de nivelación después de años de mantener una coreografía constante. Mismo lugar, mismas rutinas, misma alimentación, vida sexual simultánea, estímulos idénticos, coincidencia en temperatura, nivel económico, temores, incentivos, caminatas, proyectos… ¿Qué monstruo bicéfalo se va creando así? (…) Es pura asfixia la idea.”

Si, casi siempre, los piropos excesivos de las fajas hacen un flaco favor al libro (por no decir que le dan caza) a “La uruguaya” no le quedan grandes. Yo también creo que Pedro Mairal ha escrito una novela perfecta y que, a Luquita, lo que le pasó fue aquel dos por ciento en el que no puede permitirse dudar. Pero algunas derrotas valen su peso en plata y un oukelele cuesta, casi siempre, mucho menos de lo que vale. Menos mal.

Belén Rubiano.

Estirpe

“Esa mujer ha enterrado a varios de sus hijos, y ha visto enterrar a muchos otros. Y sabe que la maldición sin remedio es sobrevivir a tus propias criaturas. Es un corrimiento de tierras que derrumba los edificios, un aliento venenoso que mata con la respiración, una riada que inunda y arrastra lo que encuentra a su paso, una tempestad que azota las rocas.”

 

Había leído en la interesante columna que tiene el escritor Gregorio Morán ( El Cura y los Mandarines. Akal, 2014) en el periódico La Vanguardia (y que tan buenas recomendaciones literarias me aporta), que esta novela era un caso en este momento editorial extraño por la calidad y la contundencia de la misma. Hablaba de “novela soberbia y rotunda” y tengo que decir que no ha exagerado ni un poquito. ESTIRPE, de Marcelo Fois, es un novelón con los ingredientes de los que están hechas las grandes novelas sobre familias forjadas a base de dolor, muerte y violencia; pero es también ambición y lucha por salir del espacio al que la historia los ha condenado. Con el telón de fondo de la Gran Guerra europea, ESTIRPE, se convierte en un relato extraordinario de la tragedia que derrumbó al Hombre abocándolo a la locura y al horror.

Primer tomo traducido de la trilogía de la familia Chironi y sin duda recomendación que hacemos con firmeza. Lean ESTIRPE y ya nos dirán…

Karenina

Picnic en Hanging Rock

“Eran exactamente las tres. Siempre hay algún instante en nuestro globo giratorio que no se deja medir bajo los parámetros que empleamos habitualmente para controlar el paso del tiempo. Es algo que experimentan a diario millones de personas. De pronto dan con un fragmento de la eternidad que jamás tendrá relación alguna con el calendario ni con los movimientos del reloj”.

Joan Lindsay.

“Picnic en Hanging Rock”.

Ed. Impedimenta.

Hubo un tiempo, y no hace tanto, en el que los hombres y la naturaleza eran una sola cosa. Nuestros antepasados podían hablar con los árboles, con las piedras o con los ríos, y hasta entendían sin malentendidos el lenguaje de los pájaros, las estrellas o las huellas todas. Luego quisieron dominar la naturaleza, crearon una lengua nueva y la llamaron dinero o religión. Poco a poco y casi sin sentirlo, la naturaleza renunció a nosotros y nos negó su idioma, olvidándonos. Pero, del mismo modo que nosotros aún tenemos recuerdos antiguos de antes de nacer calcificados en los huesos, también lo natural parece conservar esa ancestral glotonería de nuestro sabor. Yo creo que de eso tratan tanto “El flautista de Hamelín” como esta historia de Joan Lindsay. Dotada de una inmensa capacidad para el embrujo al escribir, de una prosa mansa y exuberante al mismo tiempo, de fina y constante ironía y de tanta ambigüedad como doble y sensual sentido, la señora Lindsay, para contar su verdad, nos ha engañado a todos. Si se pudiera decir de un libro que es tan delicioso como perturbador, “Picnic en Hanging Rock” es ese libro. Muselinas blancas, glicinas, brisas suaves, nenúfares, grandes acacias, álamos temblorosos, muchos cisnes, algún pavo real, arroyos rumorosos y luces amables invaden cada página de la historia a la par que el lector avanza cada vez más sobrecogido y perturbado. Una radiante mañana de San Valentín de 1900, unas adolescentes de buena familia internas en un colegio de Australia se dirigen a Hanging Rock para celebrar un picnic. Tras el almuerzo, cuatro de las alumnas y una de las profesoras piden permiso para explorar La Roca más de cerca. Tres de las niñas y la profesora de matemáticas no regresarán nunca ni se hallará de ellas rastro alguno. La única niña que vuelve (si más tarde apareciera alguien más no os lo pienso decir aquí) lo hace completamente transtornada y jamás contaría nada de lo que allí sucediera aquella tarde. Joan Lindsay tuvo la ocurrencia, hasta el final de sus días (afirmando la realidad del suceso narrado) de presentar su historia como crónica, y así debe ser leída. El libro es maravilloso pero acercaos a él con cuidado pues, desde su publicación en 1967, no tiene lectores sino adeptos cautivos y enamorados. Quienes hayáis visto la hipnótica película que, siguiendo las pisadas del texto coma a coma, en 1975 firmara Peter Weir sabréis ya que no exagero nada.

Belén Rubiano.