Picnic en Hanging Rock
25 May 2017

Picnic en Hanging Rock

“Eran exactamente las tres. Siempre hay algún

25 May 2017

“Eran exactamente las tres. Siempre hay algún instante en nuestro globo giratorio que no se deja medir bajo los parámetros que empleamos habitualmente para controlar el paso del tiempo. Es algo que experimentan a diario millones de personas. De pronto dan con un fragmento de la eternidad que jamás tendrá relación alguna con el calendario ni con los movimientos del reloj”.

Joan Lindsay.

“Picnic en Hanging Rock”.

Ed. Impedimenta.

Hubo un tiempo, y no hace tanto, en el que los hombres y la naturaleza eran una sola cosa. Nuestros antepasados podían hablar con los árboles, con las piedras o con los ríos, y hasta entendían sin malentendidos el lenguaje de los pájaros, las estrellas o las huellas todas. Luego quisieron dominar la naturaleza, crearon una lengua nueva y la llamaron dinero o religión. Poco a poco y casi sin sentirlo, la naturaleza renunció a nosotros y nos negó su idioma, olvidándonos. Pero, del mismo modo que nosotros aún tenemos recuerdos antiguos de antes de nacer calcificados en los huesos, también lo natural parece conservar esa ancestral glotonería de nuestro sabor. Yo creo que de eso tratan tanto “El flautista de Hamelín” como esta historia de Joan Lindsay. Dotada de una inmensa capacidad para el embrujo al escribir, de una prosa mansa y exuberante al mismo tiempo, de fina y constante ironía y de tanta ambigüedad como doble y sensual sentido, la señora Lindsay, para contar su verdad, nos ha engañado a todos. Si se pudiera decir de un libro que es tan delicioso como perturbador, “Picnic en Hanging Rock” es ese libro. Muselinas blancas, glicinas, brisas suaves, nenúfares, grandes acacias, álamos temblorosos, muchos cisnes, algún pavo real, arroyos rumorosos y luces amables invaden cada página de la historia a la par que el lector avanza cada vez más sobrecogido y perturbado. Una radiante mañana de San Valentín de 1900, unas adolescentes de buena familia internas en un colegio de Australia se dirigen a Hanging Rock para celebrar un picnic. Tras el almuerzo, cuatro de las alumnas y una de las profesoras piden permiso para explorar La Roca más de cerca. Tres de las niñas y la profesora de matemáticas no regresarán nunca ni se hallará de ellas rastro alguno. La única niña que vuelve (si más tarde apareciera alguien más no os lo pienso decir aquí) lo hace completamente transtornada y jamás contaría nada de lo que allí sucediera aquella tarde. Joan Lindsay tuvo la ocurrencia, hasta el final de sus días (afirmando la realidad del suceso narrado) de presentar su historia como crónica, y así debe ser leída. El libro es maravilloso pero acercaos a él con cuidado pues, desde su publicación en 1967, no tiene lectores sino adeptos cautivos y enamorados. Quienes hayáis visto la hipnótica película que, siguiendo las pisadas del texto coma a coma, en 1975 firmara Peter Weir sabréis ya que no exagero nada.

Belén Rubiano.

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