Diez razones por las que no entiendo a Javier Marías
13 Jul 2017

Diez razones por las que no entiendo a Javier Marías

1. Al señor Marías (hijo) también le

13 Jul 2017

1. Al señor Marías (hijo) también le desagrada el éxito póstumo de la poesía de Gloria Fuertes. También a mí me apena: que sea tan póstumo. Descubrí sus versos, siendo casi una niña, en la colección “Letras Hispánicas” de Cátedra y, desde entonces, nunca he dejado de releerla. Siempre he pensado que estaba dotada de una calidad y verdad arrolladoras. Por cierto (y volveré luego sobre ello), Gloria Fuertes tiene un tema: el exilio íntimo al que te obliga cualquier clase de diferencia. Podéis llamarla pobreza, adolescencia o que, nacida mujer, no te gusten los hombres demasiado. La soledad, sin rencor, que implica habitar cualquier margen por las razones que sean.

2. Pues eso dice, que Gloria Fuertes no es para tanto y que viene a ser como chasco seguro (en su opinión) cuando pagas tu entrada por ver cine español. Qué no daría yo, señor Marías (hijo) por haber sido advertida tan certeramente, pero contra sus propios libros, las pocas veces (aunque demasiadas) en que cambié un trozo de papel con valor moneda de curso legal por páginas suyas. Pero, ¿sabe qué es lo mejor? Que es hermoso que nadie lo hiciera. Es lindo que la mayoría de la gente no vaya por ahí desaconsejando y con su propio gusto (o complejo) personal como único principio rector. Es hermoso, insisto. Tuve un ejemplar raro de “Todas las almas” que regalé con mucho cariño a alguien que sí lo apreciaba. No acabé “Todas las almas”, mi primer intento con su narrativa. Me pareció (y le ruego que me perdone) el típico libro que puedes leer mientras duermes la siesta. Más tarde lo intenté con tres o cuatro más, pues me alegraba de su éxito escritor y respetaba a lectores de excelente criterio que me insistían en disfrutarle. Pero nada, un sueño que me daba leerle que no se lo puede usted ni figurar.

3. Usted, señor Marías (hijo) ha vendido muy bien cuanto escribía durante muchos años, y no sólo me alegraba, sino que he tenido mi parte de responsabilidad. He sido librera y he vendido muy a gusto sus libros, con sus maravillosos títulos (de Shakespeare) y preciosas portadas. ¿Usted sabe (seguro que sí) lo que suponía para un librero abrir las cajas de novedades, sacar una suya y vender diez ejemplares en esa jornada? Era algo que te permitía cenar algo más variado que el plato de macarrones habitual. Sigue pasando, ¿sabe?, pero con otros autores y, en general, está más repartido el pastel (y es obvio que le duele). Pues lo que le decía que, sin gustarme, prefería vender sus libros a los de Ken Follett. Y, no se crea, que me preguntaban los clientes y todo. Siempre fui sincera: No, no me gusta nada. Ni cómo escribe (creo que tortura cada frase hasta hacerla llorar) ni lo que no cuenta porque, Javier Marías, en mi opinión, no cuenta nada, no tiene ningún tema. Me parece, lo suyo, un lucimiento sin causa y una maldad contra los bosques, pero leedlo y me contáis. Quién soy yo para decir a nadie cómo soportar el tráfago inmenso que hay entre el despertar y el sueño.

4. Sugiere que este aniversario tan celebrado de Gloria Fuertes pueda deberse, y eso hasta lo entendería usted, a su condición de mujer y lesbiana (por supuesto, lo dice con palabras más cobardes). ¿Realmente, señor Marías (hijo) usted cree que el mundo que gira alrededor de una imprenta es tan idiota y cambia con tanta ligereza los billetes de veinte euros por versos? Y, lo que me parece más grave, ¿cree que se puede ofender así, con esa impunidad, a tantas mujeres en particular y lectores en general? Lectores de libros de verdad y de sus artículos, digo.

5. Nos sugiere usted, a cambio, un listado de mujeres a las que podríamos leer en vez de perder el tiempo con la simplona de Gloria Fuertes. Muchas gracias por nada pero, mire usted, algunas de sus recomendadas no han sido más justas contra los árboles que sus propios libros y, las que sí, ya las hemos leído.

6. ¿Todas muertas, señor Marías (hijo)? Ni un sólo nombre de escritora viva, con sus derechos de autor, su alquiler o su hipoteca, sus tapitas del bar, su aire acondicionado por reparar o su endodoncia por pagar. Ya es mala suerte. Yo siempre me alegré cada vez que vendía un libro suyo y no sólo por evitar mi pasta hervida, pero me daba alegría que usted pudiera vivir de esto de escribir. Y eso que daba por seguro que cualquier tiempo y dinero que un lector dedicara a su obra dejando de leer la de su padre (tan bueno que aún no nos lo merecemos) era, y es, malbaratado.

7. Hace pocos días que encontré en una librería de lance una de sus últimas novelas con preciosa portada y título (de Hamlet) y, por tres euros, me la llevé. Supongo que sentí la obligación moral, por ese precio, de retirarla de la circulación. Ya en casa pensé: a lo mejor te has hecho mayor y ya Marías (hijo) sí tiene algo que contarte. Ya sabe, la tontería judeocristiana del no sos vos, soy yo. Pero qué va y me dije: pues al primer café que me tome con alguien que lo aprecie (como yo algunas películas españolas) lo llevo a modo de presente y así evito esa cosa tan triste de ir con las manos vacías. Pues bien, su artículo contra Gloria Fuertes y sus lectores logró una cosa rara (en mí): que me levantara, buscara la cinta métrica hasta encontrarla y midiera el lomo de su libro. Mide, exactamente, tres centímetros y veinte milímetros. Desde aquí lanzo la dádiva: el alma primera que me diga que tiene un mueble cojo justo con la antedicha descompensación, suyo es el libro.

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10. Creo que voy a omitir las otras tres razones porque, ¿sabe?, las personas, aun las que atacan y viven en contra de todo (lo que no es conveniencia propia) o sin pensar, son siempre personas. Hasta usted. Las otras tres razones entrarían en la categoría de animadversiones personales a las que también tengo derecho. Pero no a difundirlas sólo por tener un púlpito dado más o menos humilde. Eso sería ponerme a su altura y pocas cosas me preocuparían más. Bastante me disgusta ya haber escrito lo anterior con ánimo de que se publique pero, ¿sabe?, he alcanzado esa edad en la que empieza a inquietarme confundir el final de los (verdaderos) modales con el principio de la (auténtica) cobardía.

Belén Rubiano

La fotografía de la notita ológrafa ha sido cedida amablemente por la pintora Trinidad Fernández; amiga y vecina, durante muchos años, de Gloria Fuertes.

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  1. Javier Julio 15th, 2017 8:05AM

    Me encantas!

  2. mag Julio 15th, 2017 12:37PM

    Gracias por esa serenidad para decir lo que otros con tanta rabia sentimos.

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