Agosto 2017

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Los Papalagi

Los Papalagi.

Edición de Erich Scheurmann.

Dibujos de Joost Swarte.

RBA.

“Los Papalagi viven como los crustáceos, en sus casas de hormigón. Viven entre las piedras, del mismo modo que un ciempiés; viven dentro de las grietas de la lava. Hay piedras sobre él, alrededor de él y bajo él. Su cabaña parece una canasta de piedra. Una canasta con agujeros y dividida en cubículos (…) La gente como nosotros se sofocaría rápidamente en canastas como éstas, porque no hay nunca una brisa fresca como en una choza samoana. Los humos de las chozas-cocina tampoco pueden salir. La mayor parte del tiempo el aire de afuera no es mucho mejor. Es difícil entender que la gente sobreviva en estas circunstancias, que no se conviertan por deseo en pájaros, les crezcan las alas y vuelen para buscar el sol y el aire fresco. Pero los Papalagi son muy aficionados a sus canastas de piedra y ni siquiera sienten lo malas que son”.

El gran jefe samoano Tuiavii de Tivea nos llamó los Papalagi. Tras visitar Europa a finales de los años veinte regresó a Upolu, su isla Polinesia, sinceramente aterrorizado y preocupado por el hombre blanco. Pero algo de horror propio hay también en su aversión a nuestro consumir los días, vivir mal y comprar cosas. Como si presintiera que una enfermedad tan localizada en un continente concreto pudiese, algún día (y no lo permita jamás el Gran Espíritu) alcanzar a sus hermanos. Me atrevo a afirmar que ni una sola frase del largo discurso tiene desperdicio o ha envejecido mal. Su mirada sobre nosotros es certera, ingenua, amorosa y lúcida. Y es tan divertido en sus percepciones que pudiera ser muy fácil no darnos cuenta de que estamos ante el texto más triste y compasivo que hayamos leído antes sobre nosotros mismos. La voz de Tuaivii nos sigue advirtiendo, desde esta reimpresión tan deliciosa como económica, de que no sabemos vivir, que no hemos entendido nada, ni hay inteligencia alguna en pasar los días haciendo daño y autolesionándonos. Vivir, parece apuntar el de Tivea, es un misterio tan complejo como paradójico porque, careciendo de sentido o finalidad es, ante todo, un acto sagrado.

El gran jefe samoano no sospechó nunca que sus humildes palabras llegarían a imprimirse en papel tosco y que aun muchos años después de la primera edición (1929) las podríamos adquirir con metales redondos y rectángulos de plástico. Posiblemente se hubiera sentido, de saberlo, terriblemente avergonzado pues todo buen hombre sabe que el colmo de la mala educación es dejar a otros en evidencia.

Belén Rubiano

A contraluz

A contraluz
Rachel Cusk
Libros del Asteroide

 

“Me acordaba muy a menudo del capítulo de “Cumbres borrascosas” en el que Heathcliff y Cathy, en el sombrío jardín, miran por las ventanas de la sala de los Linton y observan la iluminada escena familiar que tiene lugar puertas adentro. Lo fatal de esa visión es su subjetividad: al mirar por la ventana, los dos ven cosas distintas: Heathcliff algo que odia y teme, y Cathy, algo que desea y que echa en falta. Pero ninguno ve las cosas como realmente son. Y, de igual manera, yo empezaba a ver mis propios miedos y mis propios deseos manifestándose fuera de mí, empezaba a ver en las vidas ajenas un comentario de la mía.”

1. Carol Shields, Robertson Davies, Rohinton Mistry, Ann-Marie MacDonald, Margaret Laurence, Margaret Atwood, Malcolm Lawry, Alice Munro, Mavis Gallant, etc. Si naces en Canadá y eres escritor, estás condenado a ser muy bueno.
2. Los nacidos en Canadá también pueden ser escritores malos o mediocres, pero el Gobierno canadiense tiene un control muy férreo sobre los derechos de traducción de dichos escritores, ya que les encanta presumir de literatos estupendos allende sus fronteras.
3. Rachel Cusk (canadiense de nacimiento) es muy buena. Es posible que para la calidad literaria baste con vivir en Canadá los primeros siete años y luego ya te puedas ir a donde te lleven los mayores.
4. Tampoco hay que descartar a lo loco que puedan ser propiedades desconocidas (por ahora) del jarabe de alce.
5. A escribir se aprende leyendo y ensayando. No existen otros caminos ni atajos.
6. Bueno, también es imprescindible que el día de tu nacimiento la única hada madrina que estuviera de guardia no fuese la que regalaba el don de dormir a las piedras. Imprescindible, la verdad.
7. Hay dos clases de personas y nada más: quienes son capaces de narrarse a sí mismos y quienes no. Yo admiro a los primero y siempre los admiraré.
8. La mitad de los susodichos primeros se hacen escritores cuando son mayores. Los otros son muy apreciados en las reuniones de amigos y, en general, viven mejor que los que se hacen escritores. Normal.
9. La vida real no existe, ya que todo es opinión. A partir de ahí elaboramos la memoria y los recuerdos de lo que fuera que pasó. Si el tiempo acompaña, hasta los analizamos. Dicho análisis también está sujeto a la acción del tiempo sobre él. No es fijo ni sólido, sino portátil y voluble. Si somos honrados, hasta lo reconocemos.
10. Además de sobre el proceso creativo, la meta literatura y todo eso, Rachel Cusk sabe lo suyo sobre la vida y sobre la naturaleza de lo que llamamos amor que grita, amor que calla, amor que llora…

Belén Rubiano.