Los Papalagi
11 Ago 2017

Los Papalagi

Los Papalagi. Edición de Erich Scheurmann. Dibujos

11 Ago 2017

Los Papalagi.

Edición de Erich Scheurmann.

Dibujos de Joost Swarte.

RBA.

“Los Papalagi viven como los crustáceos, en sus casas de hormigón. Viven entre las piedras, del mismo modo que un ciempiés; viven dentro de las grietas de la lava. Hay piedras sobre él, alrededor de él y bajo él. Su cabaña parece una canasta de piedra. Una canasta con agujeros y dividida en cubículos (…) La gente como nosotros se sofocaría rápidamente en canastas como éstas, porque no hay nunca una brisa fresca como en una choza samoana. Los humos de las chozas-cocina tampoco pueden salir. La mayor parte del tiempo el aire de afuera no es mucho mejor. Es difícil entender que la gente sobreviva en estas circunstancias, que no se conviertan por deseo en pájaros, les crezcan las alas y vuelen para buscar el sol y el aire fresco. Pero los Papalagi son muy aficionados a sus canastas de piedra y ni siquiera sienten lo malas que son”.

El gran jefe samoano Tuiavii de Tivea nos llamó los Papalagi. Tras visitar Europa a finales de los años veinte regresó a Upolu, su isla Polinesia, sinceramente aterrorizado y preocupado por el hombre blanco. Pero algo de horror propio hay también en su aversión a nuestro consumir los días, vivir mal y comprar cosas. Como si presintiera que una enfermedad tan localizada en un continente concreto pudiese, algún día (y no lo permita jamás el Gran Espíritu) alcanzar a sus hermanos. Me atrevo a afirmar que ni una sola frase del largo discurso tiene desperdicio o ha envejecido mal. Su mirada sobre nosotros es certera, ingenua, amorosa y lúcida. Y es tan divertido en sus percepciones que pudiera ser muy fácil no darnos cuenta de que estamos ante el texto más triste y compasivo que hayamos leído antes sobre nosotros mismos. La voz de Tuaivii nos sigue advirtiendo, desde esta reimpresión tan deliciosa como económica, de que no sabemos vivir, que no hemos entendido nada, ni hay inteligencia alguna en pasar los días haciendo daño y autolesionándonos. Vivir, parece apuntar el de Tivea, es un misterio tan complejo como paradójico porque, careciendo de sentido o finalidad es, ante todo, un acto sagrado.

El gran jefe samoano no sospechó nunca que sus humildes palabras llegarían a imprimirse en papel tosco y que aun muchos años después de la primera edición (1929) las podríamos adquirir con metales redondos y rectángulos de plástico. Posiblemente se hubiera sentido, de saberlo, terriblemente avergonzado pues todo buen hombre sabe que el colmo de la mala educación es dejar a otros en evidencia.

Belén Rubiano

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  1. Rocío susin alvarez septiembre 2nd, 2017 5:46PM

    Podríais enviarme información sobre vuestras actividades. Gracias y saludos

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