Felicidad familiar
17 Ago 2017

Felicidad familiar

Felicidad familiar. Laurie Colwin. Libros de Asteroide.

17 Ago 2017

Felicidad familiar.

Laurie Colwin.

Libros de Asteroide.

“Querida Eva: los últimos seis meses han sido los más lúgubres de mi vida. Puede que algún día te sientas como yo. Un día despertarás y los trinos habrán desaparecido. Puede que no te pase nunca, pero me ha pasado a mí. Todo se vuelve muy difícil. Tu querido hermano no ha cambiado ni un ápice. Su forma de ser me ha derrotado: trabaja demasiado, está fuera a menudo y cuando está presente está ausente. Yo, en cambio, tengo una aventura adulterina. (…) Todos los días lloro por lo menos una vez.”

1. Hay dos clases de libros de ficción: los escritos antes de que se inventara el teléfono móvil y los otros. Yo prefiero, de lejos, a los pioneros.
2. Bueno, hay una tercera clase de los segundos que respeto y admiro especialmente: los que, portando los escritores de los mismos un teléfono en el bolsillo o en el bolso, olvidan que tal progreso existe cuando trabajan con sus argumentos y  personajes; de modo que se buscan la vida para que estos últimos se tengan que comunicar en la distancia atendiendo a las obligaciones de un tempo clásico que, aun siendo hoy ya anacrónico, es más veraz.
3. Sostengo, además, que existen dos clases de escritores de primera fila (es que no estoy hablando de los otros, que son legión): quienes nos donan cuanto tenían dentro (algunos, hasta la última gota) y quienes mueren antes o prefieren dejar de escribir (unos egoístas vividores o amantes del descanso eterno, eso es lo que son).
4. Laurie Colwin, con cuarenta y ocho tartas de cumpleaños apagadas en su haber, dejó de escribir en 1992. Y no por frivolidad, es que se murió.
5. Es la crítica más destructiva que se le puede hacer a su obra. De verdad, si la leéis entenderéis mi desconsuelo: algunas muertes tempranas son de una perfecta desfachatez.
6. Su tema es la naturaleza de lo que llamamos amor: su hallazgo, su defensa, su abandono, su aliento, su lastre, su importancia vital, nuestra desidia, su ahora sí, su ahora no, su prodigiosa capacidad de volver a aparecer cuando ni está ni se le espera, su facultad de revivirnos mientras que, a la par, nos desmenuza como pan rallado entre los dedos…
7. El punto anterior viene a cuento porque yo soy la primera que, en ocasiones, no tiene más ambición que leer bonitos asesinatos por resolver o sobre gente que busca la paz y cosas así.
8. Y es tan buena esta Colwin que aunque ni remotamente seamos, como sus personajes, hermosos ejemplares de neoyorquinos ricos, se la entiende perfectamente. Eso tiene mucho mérito, no me digáis que no.

Belén Rubiano.

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