septiembre 2017

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Vuelo ciego

Vuelo ciego.
Idea Vilariño.
Ed. Visor.

Tomo tu amor
y qué
te doy mi amor
y qué
tendremos tardes noches
embriagueces
veranos
todo el placer
toda la dicha
toda la ternura.
Y qué.
Siempre estará faltando
la honda mentira
de siempre.

1. Cuando Idea Vilariño (Montevideo, Uruguay) llegó al mundo bajo el signo de Leo un día como otro más de 1920, ya tenía dos hermanos. Alma se llamaba ella, Azul era el nombre de él. Más tarde nacerían otros dos: Numen (un nene) y Poema (la nena). Era su padre un poeta vital y su madre una lectora enferma y me pregunto si aprendió de ellos a sobreactuar. Muy normales (en el registro civil, al menos) no eran.
2. Aunque todos en la familia componían y tocaban algún instrumento, parece que sólo Idea resultó de genio exigente, duro, exagerado y, a menudo, cruel. Lo decía porque los primerísimos descendientes de Caín fueron músicos profesionales (creo que arrancaban sonidos preciosos a las cítaras mucho antes de que Nabucodonosor las tuviera por predilectas en su orquesta).
3. Durante muchos años, la piel de Idea fue una membrana dolorosa e interminable. Un espantoso órgano pestilente y carcelario que supuraba algo que debía parecerse mucho al odio vergonzante obligándola a malvivir encamada y escondida. Luego se curó.
4. Idea era guapa y te daba un codazo para salir ella en las fotos antes que tú. Le encantaban las fotos y escribir cartas. Feroces, ambas, como ella.
5. Versos nos dejó pocos porque tiraba muchos.
6. Vilariño no supo, no quiso o no pudo inspirar amor y trató siempre a sus parejas con una cierta voluntad de catástrofe que bien pudo ser justa. Conoció a muchos hombres, tuvo muchos amantes y se enamoró de Onetti hasta el pésame. Él no supo o no quiso amarla y ya tampoco quiso ella, mas no por eso se dejaron.
7. Dueña de una voz poética absolutamente propia e inimitable, Idea sólo escribió sobre un tema: lo poquita cosa que es la vida y el reposo egoísta que le predecía al morir.
8. Un día como otro más de abril de 2009 dijo adiós a todo esto. Había cumplido ochenta y ocho años y cuenta Rosario Peyrou que muy poquitas personas la velaron. Camino del camposanto, aún la abandonaron más: a las diez personas que la despidieron voluntariamente hay que sumar dos empleados funcionarios, pero eso fue todo y, además, ellos no tuvieron elección.
9. En una notita había dejado escrita su última voluntad contra los vivos: “Nada de cruces. No morí en la paz de ningún Señor. Cremar”.
10. Mientras Visor lo siga reeditando, nunca me cansaré de regalar este libro suyo. A aquellos que entienden de versos pero sobre todo a quienes, queriéndolos yo mucho, me dicen: es que yo creo que no sé leer poesía…

Belén Rubiano.

Un día cualquiera

Un día cualquiera.
Hebe Uhart.
Editorial Alfaguara.

“¿Y dónde quería que llegara con mi buena voluntad, si no sabía qué querían de mí? (…) Buena voluntad, una virtud de tarados, lo dijo de lástima. Yo, que estaba leyendo a esos escritores impresionantes, que comprendía todo, que llevaba un mundo en mi cabeza, a mí con la buena voluntad”.

1. Hebe Uhart, nacida un día cualquiera de 1936 en un pueblo de la provincia de Buenos Aires, estudió filosofía antes de ponerse a escribir libros extraordinarios y se le nota, pero para bien.
2. A veces te pasas un montón de años buscando algo y cuando, al fin, lo encuentras descubres que no era para tanto. Como yo no soy de culpar al mundo de nada, deduzco que la culpa de esa fútil espera ilusionada era mía y sólo mía. Me pasó con la adaptación cinematográfica (aburridísima, por no decir horrible) de Mildred Pierce, la descomunal novela de James M. Cain.
3. Tras mucho tiempo esperando el momento de leer a esta argentina puedo decir que no tengo el menor derecho a guardarle rencor a Joan Cranford por su Mildred de pacotilla. Vayan las expectativas sobradamente satisfechas por las menos informadas, que me declaro en paz.
4. Pues claro que Hebe Uhart tiene un tema, ya dije que es una gran escritora. Como hilos de una misma trama, de un lado, la falsedad que subyace en la idea que tenemos de la libertad. Ella cita a Spinoza: “El hombre cree que es libre porque fuma, pero no lo es, porque no sabe por qué lo hace”. El otro fleco de su obra lo podría resumir la biografía de Martha Gellhorn.
5. Gellhorn fue la tercera mujer de Hemingway y, como él, escribía libros pero, por encima de todas las cosas, holló el mundo como pocas. Se podría decir que fue una nómada irredenta y una mujer tan vital que resultaba imposible, para quienes la trataron, imaginarla dormida o muerta. Con ochenta y cinco años, seguía haciendo muchos largos cada día en su piscina, por ejemplo. Pues bien, con ochenta y nueve años afirmó que, de haber sabido ella en qué consistía la vida, jamás se hubiera desacostado y todo el tiempo de la vigilia lo habría dedicado a leer a Agatha Christie. Y como no lo decía por llamar la atención sino porque lo vio claro y ya había leído varias veces todas las de Miss Marple, apagó su luz tragando con un poquito de agua una píldora que no contenía Ibuprofeno sino un veneno mortal.
6. Si también creéis que la vida es demasiado corta para reparar cuanto rompimos y un día cualquiera es, sin embargo, largo hasta la obscenidad, disfrutareis muchísimo a Hebe Uhart.

Belén Rubiano.