Vuelo ciego
29 Sep 2017

Vuelo ciego

Vuelo ciego. Idea Vilariño. Ed. Visor. Tomo

29 Sep 2017

Vuelo ciego.
Idea Vilariño.
Ed. Visor.

Tomo tu amor
y qué
te doy mi amor
y qué
tendremos tardes noches
embriagueces
veranos
todo el placer
toda la dicha
toda la ternura.
Y qué.
Siempre estará faltando
la honda mentira
de siempre.

1. Cuando Idea Vilariño (Montevideo, Uruguay) llegó al mundo bajo el signo de Leo un día como otro más de 1920, ya tenía dos hermanos. Alma se llamaba ella, Azul era el nombre de él. Más tarde nacerían otros dos: Numen (un nene) y Poema (la nena). Era su padre un poeta vital y su madre una lectora enferma y me pregunto si aprendió de ellos a sobreactuar. Muy normales (en el registro civil, al menos) no eran.
2. Aunque todos en la familia componían y tocaban algún instrumento, parece que sólo Idea resultó de genio exigente, duro, exagerado y, a menudo, cruel. Lo decía porque los primerísimos descendientes de Caín fueron músicos profesionales (creo que arrancaban sonidos preciosos a las cítaras mucho antes de que Nabucodonosor las tuviera por predilectas en su orquesta).
3. Durante muchos años, la piel de Idea fue una membrana dolorosa e interminable. Un espantoso órgano pestilente y carcelario que supuraba algo que debía parecerse mucho al odio vergonzante obligándola a malvivir encamada y escondida. Luego se curó.
4. Idea era guapa y te daba un codazo para salir ella en las fotos antes que tú. Le encantaban las fotos y escribir cartas. Feroces, ambas, como ella.
5. Versos nos dejó pocos porque tiraba muchos.
6. Vilariño no supo, no quiso o no pudo inspirar amor y trató siempre a sus parejas con una cierta voluntad de catástrofe que bien pudo ser justa. Conoció a muchos hombres, tuvo muchos amantes y se enamoró de Onetti hasta el pésame. Él no supo o no quiso amarla y ya tampoco quiso ella, mas no por eso se dejaron.
7. Dueña de una voz poética absolutamente propia e inimitable, Idea sólo escribió sobre un tema: lo poquita cosa que es la vida y el reposo egoísta que le predecía al morir.
8. Un día como otro más de abril de 2009 dijo adiós a todo esto. Había cumplido ochenta y ocho años y cuenta Rosario Peyrou que muy poquitas personas la velaron. Camino del camposanto, aún la abandonaron más: a las diez personas que la despidieron voluntariamente hay que sumar dos empleados funcionarios, pero eso fue todo y, además, ellos no tuvieron elección.
9. En una notita había dejado escrita su última voluntad contra los vivos: “Nada de cruces. No morí en la paz de ningún Señor. Cremar”.
10. Mientras Visor lo siga reeditando, nunca me cansaré de regalar este libro suyo. A aquellos que entienden de versos pero sobre todo a quienes, queriéndolos yo mucho, me dicen: es que yo creo que no sé leer poesía…

Belén Rubiano.

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