enero 2018

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Relatos

Víctor oyó la puerta del ascensor, los rápidos pasos de su madre en el corredor, y cerró de golpe su libro. Lo empujó debajo del cojín, fuera de la vista, e hizo una mueca al oírlo caer entre el sofá y la pared. La llave entraba ya en la cerradura.

Relatos.

Patricia Highsmith .

Anagrama.

  1. Patricia Highsmith nació bajo el signo de Acuario un día cualquiera de 1921 en un pueblo de Texas, que ya sabemos cómo las gastan. Con doce años cumplidos conoció a su padre y a su madre nunca le perdonó que durante su gestación intentara abortarla alimentándose con distintos venenos. Ineficaces todos, evidentemente, en lo que se refiere a dejar muy coja la historia de la literatura del siglo XX.
  2. Durante toda su vida prefirió el amor de las mujeres al de los hombres, el de los caracoles al de los gatos, el alcohol de pelo en pecho al desayuno continental y la soledad sin disfraces a todo lo anterior.
  3. Creó personajes amorales que roban, matan, mienten o usurpan otras identidades más convenientes que la propia porque la vida manda (pura vitalidad y resistencia), no por vicio y, para colmo, fue incapaz de castigarlos en las últimas páginas de sus libros. No hay cárcel, muerte o un poco de Orfidal siquiera (para dormir tras salir indemnes de sus aventuras) para sus malvados. 
  4. Era un poco misógina. Sus almas libres de culpa judeo-cristiana eran, casi todas, masculinas.
  5. Como tantas cualidades juntas no estaban lo que se dice demasiado bien vistas en sus Estados Unidos natales, se tuvo que venir a Europa hasta que, día cualquiera de febrero de 1995 (Locarno, Suiza) dejó de estar enfadada y pudo (ella) dormir. 
  6. Patricia Highsmith jamás escribió una oración en la que no pasara algo. Podía ser abrir una carta, subir los escalones de la oficina de American Express, falsificar una firma, llenar de agua los pulmones de alguien o comprar un sello, pero en cada una de sus líneas siempre está ocurriendo algo o a punto de suceder. Es por ello que Suspense (también en Anagrama, como toda su obra) es uno de los pocos libros sobre el oficio de escribir cuya lectura merece la pena y que leerla sin gratitud y respeto es tan poco adecuado como obstinarse en pensarnos decentes mientras lo hacemos o jurar inocencia propia sobre una Biblia robada.

Belén Rubiano.

Tenemos que hablar

Tenemos que hablar.
Tute.
Lumen.

 

Tute es para mí el mejor dibujante de humor gráfico surgido en los últimos años, Quino dixit. Yo soy más tosca y creo que Tute (1974, Buenos Aires) es un puto genio y pocas veces podréis, como dice un amigo mío, amortiguar tan bien los quince módicos euros que cuesta el libro. Ojalá Lumen siga editando en España su mirada sobre la vida en general y las relaciones de pareja en particular porque, por muy poquita cosa que seamos, nos merecemos a Tute.

 

Belén Rubiano

 

600 libros desde que te conocí

600 libros desde que te conocí.

Virginia Woolf.

Lytton Strachey.

Jus.

St. Ives, Cornualles. 22 de abril de 1908.

(…) Me haría ilusión que me respondieras. Estoy tremendamente charlatana porque desde que te vi no he vuelto a hablar salvo para ponerme de acuerdo sobre lo que hay que cocinar.

Tuya, 

Virginia Stephen.

Hampstead, N.W. 23 de abril de 1908.

Querida Virginia,

Tu carta vino a consolarme en mi soledad, causada por un resfriado que ha retornado más virulento y nasal que nunca. Estoy probando el remedio desesperado de no moverme de la misma habitación (…)

Tuyo siempre,

G(iles) L(ytton) S(trachey).

Conocéis ese estado en el que, apenas comenzado un libro, sentís que podríais estallar de sorpresa y gratitud por haber tenido la buena estrella de llegar a esas páginas, ¿verdad? Creo que las personas que afirman que la vida les parece algo decepcionante es porque se niegan a aceptar que a pocos momentos tan intensos puede aspirar quien diga: mi vida es plácida y no deseo quejarme.

Esta edición de la editorial mexicana Jus recopila las cartas que, entre un 22 de noviembre de 1906 y un 10 de diciembre de 1931, intercambiaron Virginia Woolf y Lytton Strachey. Si el crítico literario, biógrafo y escritor inglés falleció apenas un año después del fin de esta correspondencia, Virginia Woolf aún viviría una década más hasta que un día de 1941 decidiera apagar su infierno particular en las aguas y cantos rodados del río Ouse.

Y aún sigo deslumbrada por el hallazgo inesperado y no lo quiero gastar con orate despilfarro sino con la ruindad de quien sabe que pocas veces se imprimen páginas de esta calidad. Por favor, son sólo cartas pero ¿cómo se puede escribir, sentir y pensar así? Con ese buen humor, inteligencia, delicadeza y voluntad de vestir a cualquier cosa de la que se informe de alta literatura.

Conclusión: un lujo y si el lector, además, se confiesa voyeur sin despeinarse, un lujo inmerecido.

Belén Rubiano.