Relatos
31 Ene 2018

Relatos

Víctor oyó la puerta del ascensor, los

31 Ene 2018

Víctor oyó la puerta del ascensor, los rápidos pasos de su madre en el corredor, y cerró de golpe su libro. Lo empujó debajo del cojín, fuera de la vista, e hizo una mueca al oírlo caer entre el sofá y la pared. La llave entraba ya en la cerradura.

Relatos.

Patricia Highsmith .

Anagrama.

  1. Patricia Highsmith nació bajo el signo de Acuario un día cualquiera de 1921 en un pueblo de Texas, que ya sabemos cómo las gastan. Con doce años cumplidos conoció a su padre y a su madre nunca le perdonó que durante su gestación intentara abortarla alimentándose con distintos venenos. Ineficaces todos, evidentemente, en lo que se refiere a dejar muy coja la historia de la literatura del siglo XX.
  2. Durante toda su vida prefirió el amor de las mujeres al de los hombres, el de los caracoles al de los gatos, el alcohol de pelo en pecho al desayuno continental y la soledad sin disfraces a todo lo anterior.
  3. Creó personajes amorales que roban, matan, mienten o usurpan otras identidades más convenientes que la propia porque la vida manda (pura vitalidad y resistencia), no por vicio y, para colmo, fue incapaz de castigarlos en las últimas páginas de sus libros. No hay cárcel, muerte o un poco de Orfidal siquiera (para dormir tras salir indemnes de sus aventuras) para sus malvados. 
  4. Era un poco misógina. Sus almas libres de culpa judeo-cristiana eran, casi todas, masculinas.
  5. Como tantas cualidades juntas no estaban lo que se dice demasiado bien vistas en sus Estados Unidos natales, se tuvo que venir a Europa hasta que, día cualquiera de febrero de 1995 (Locarno, Suiza) dejó de estar enfadada y pudo (ella) dormir. 
  6. Patricia Highsmith jamás escribió una oración en la que no pasara algo. Podía ser abrir una carta, subir los escalones de la oficina de American Express, falsificar una firma, llenar de agua los pulmones de alguien o comprar un sello, pero en cada una de sus líneas siempre está ocurriendo algo o a punto de suceder. Es por ello que Suspense (también en Anagrama, como toda su obra) es uno de los pocos libros sobre el oficio de escribir cuya lectura merece la pena y que leerla sin gratitud y respeto es tan poco adecuado como obstinarse en pensarnos decentes mientras lo hacemos o jurar inocencia propia sobre una Biblia robada.

Belén Rubiano.

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