febrero 2018

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Cuando sale la reclusa

Cuando sale la reclusa

Fred Vargas

Editorial Siruela

– SMS discreto porque no es muy educado hacer esto durante un funeral. Hay gente que ni siquiera ha apagado el móvil, parece que estemos en una orquesta o algo así. Estoy aquí con Élisabeth cogida del brazo, pobre, pero lo que le quería decir es que Louise ha insistido en venir. Ni siquiera lo conoce; no lo ha visto en su vida. Solo digo: es raro para una aracnofóbica querer ver el ataúd de un muerto por reclusa. ¿Digo tonterías?

– En absoluto -contestó Adamsberg-. Vigílela; sus palabras, sus reacciones. Ya me contará. Me contarás.

– Acabará usted por darme miedo. Corto, que nos acercamos al hoyo.

A Fred Vargas la aborreces o la adoras, de modo que este texto no es una recomendación. La lees si la tienes que leer y disfrutas a otros si ella no escribe para ti, es así de simple. La Vargas escribe tan inocente que se podría decir que es naif pero, como demasiado al este siempre es oeste, le pasa como a aquel señor que era tan bajito, tan bajito, tan bajito, que era hondo. Insisto, no os acerquéis a ella por mí; lo que sigue es, apenas, un gusto que me doy y algunos apuntes sobre sus recurrencias y otras cosas:

  1. Lo que pensamos (pero, sobre todo, lo que pensamos antes de pensar) es tan importante como lo que hacemos.
  2. Las ciudades no sólo son gigantescos bosques de piedra inhumanos, sino que los mirlos, gatos, gorriones, galgos y patatán lo tienen muy difícil para sobrevivir como ellos sabían hacerlo por sí mismos hasta hace nada. Somos responsables (aun los no culpables) y debemos ocuparnos penitentemente de ellos en el caso de que no deseemos hacerlo por puro vicio, egoísmo e interés.
  3. La salud es necesaria, pero fumar es importante.
  4. Estamos muy solos, luego (hasta) los compañeros de trabajo son vitales.
  5. La vida moderna siempre perjudica más (como casi todos los divorcios) a los más nobles. Por eso suelen estar solos por dentro y por fuera.
  6. Las arañas reclusas no atacan; viven escondidas y en paz en cualquier rincón caliente ya que tienen miedo y, sólo si se sienten amenazadas, son capaces de ser malas.
  7. No hay animales y hombres malos por naturaleza, aun los peores: todos fueron violados antes de violar, pero pueden elegir entre hacerse malos o gilipollas a secas. Dargland es bastante gilipollas ya, pero puede que sea porque el vino blanco francés es bastante perfectible (esto es una opinión personal, faltaría más. Más personal que las anteriores, quiero decir).
  8. Quien obtiene placer dañando a otro (aunque sea un banquero de lo más cretino) es una mierda. Quien lo encuentra contra los niños, los ancianos, los animales o las mujeres es pura escoria purulenta (el orden importa un bledo).
  9. Adamsberg conoce Sevilla. Oh là là, mon Dieu.
  10. Fred se llama Frédérique de verdad (hasta ahí, normal), pero se puso Vargas (que es ficción) por el personaje de Ava Gardner. Lo hizo en complicidad con una hermana real que tiene que también se llama Vargas de mentira y que pinta cuadros y es guapa y famosa. Como cencerros en primavera están las dos (y que yo que lo disfrute muchos años). 
  11. Creo que en su próxima novela Fred Vargas debería seguir haciendo la vista gorda con la absenta que se pimpla y resolver algunos crímenes en la calle Feria. Lo creo de verdad.

Belén Rubiano.

Los siete años de abundancia

Los siete años de abundancia

Etgar Keret

Siruela

Mi mujer dice que soy demasiado amable, mientras que yo reivindico que ella es una persona muy, muy mala. Más o menos en la época en que empezamos a vivir juntos, tuvimos una seria pelea al respecto. Empezó cuando yo subí a casa con un taxista que me había llevado desde la universidad. Necesitaba hacer pis.

Dicen que Etgar Keret (Tel Aviv, 1967) es un cuentista excepcional y, sin más pruebas, me lo creo. De momento (y por benévolo azar), sólo he leído estas crónicas mínimas de su vida cotidiana como autor que escribe a solas en su casa, que viaja por todo el mundo con la cosa de sus libros (presentarlos, participar en congresos corales, firmarlos y todo eso), que es padre de un niño pequeño, que está casado y le va (la verdad) bastante bien y que es judío. Pero sé que muy pocas veces he disfrutado tanto (carcajadas incluidas) de leer a alguien a quien ni siquiera esperaba. En Los siete años de abundancia Keret nos cuenta lo que le apetece mientras esos años coinciden con los siete primeros de su hijo. Podría aburriros contándoos cómo y de qué escribe este hombre, pero no es mi estilo y espero no pasarme nunca a ese bando. Creo que acorto camino si afirmo que, cuando el Emperador va por las rúas en pelota picada, Keret lo describe justo así: desnudo. En cualquier caso, si sois de leer a quienes realmente tienen algo que contar, que no necesitan talar árboles de más para su ego escritor (157 páginas sin hojarasca) y que (para colmo de bondades) saben escribir, Etgar es vuestro tipo. Fijo.

Belén Rubiano

Un debut en la vida

Un debut en la vida

Anita Brookner

Libros del Asteroide

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Y es que la reciente experiencia de aquellos días pasados en silencio, paseando por calles extrañas, de comer sola y dormir demasiado, le había hecho flaquear en vez de ratificarse en la vida que había elegido. Salvarse del desorden con disciplina no le bastaba. Ahora quería salvarse de la disciplina y encontrar algo más dulce. 

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1. No lo encontrará y os lo digo ya. Ninguno de sus personajes lo encuentra nunca.
2. Si alguien decidiera no leer Un debut en la vida por el destripe del punto uno me parece bien, pues a Anita le hubiera parecido fabuloso.
3. Algunos escritores (allá ellos) pretenden gustar a tantos lectores como posible sea. A otros, como a Anita, se les nota desde el primer párrafo que no. Yo no he venido aquí a seducir a nadie, parecen decir, lo que tengo que contar no creo que interese a demasiada gente y preferiría que quienes no deban leerme se vayan a leer a otro sitio, algo así. Y no por soberbia sino por una especie de respeto al acto de ser leído por forasteros y otros extraños, creo yo.
4. Anita Brookner (Londres, 1928-2016) se doctoró en Historia del Arte y llegó a ser muy reconocida en su campo, publicando algunos libros especializados que la distinguieron. Como la protagonista de Un debut en la vida, era hija única y nunca se casó.
5. Sin venir a cuento, cumplidos ya los cincuenta y tres años, escribe y publica Un debut en la vida. A partir de entonces (con contadas excepciones) escribirá y publicará una novela anual. Yo sólo he leído cuatro: extraordinarias. Curiosamente, su debut en la ficción (ésta que ahora edita en español Libros del Asteroide por primera vez) me ha parecido la más madura, pero las que publicó Tusquets se encuentran fácilmente en librerías de viejo por cuatro euros con la misma facilidad con que Whitman encontraba cartas escritas por Dios tiradas por las aceras. A diario, vaya.
6. Como todos los grandes escritores de raza, Anita siempre escribió el mismo libro. Su literatura narra a mujeres solas. Mujeres que esperan que por fin ocurra algo mientras sus vidas, sencillamente, se acercan al último telón. Mujeres cuya biografía es el verbo esperar. Mujeres que nunca han hecho daño a nadie y, lo que es peor, han pasado tan desapercibidas que tampoco han suscitado ese deseo ajeno de perjudicarlas salvo, acaso, por quienes más las querían.
7. Conclusión: Si Anita Brookner no es rana de vuestra charca, no la leáis y dejadla tranquila, que no lleva la pobre ni dos años de sueño eterno. Si ya la habíais leído, yo aquí no pinto nada, pues es seguro que os habréis tirado de cabeza sobre esta maravillosa traducción. Si estáis pensando en iniciaros con este Asteroide en Anita, apenas un consejo (pero porque os aumentará con creces el placer de esta lectura): leed antes, si no está ya entre vuestras lecturas más queridas, Eugenia Grandet de Balzac.
8. Ir hacia el final. Sin remordimientos. Eso es Anita.

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Belén Rubiano

El asesinato de mi tía

El asesinato de mi tía

Richard Hull

Alba

Una cosa es decidir que tu tía, de un modo u otro, va a acabar rodando cuesta abajo hasta el puente en el que te ha ofendido de tal modo, y precisamente delante del arbusto en el que se ha burlado y reído de ti, cuando su querida carretera está resbaladiza por culpa de la lluvia eterna de ese país de Gales que ella ama con idolatría e insensatez (…) y otra muy distinta organizarlo para que esa idea se concrete, sobre todo cuando, por los motivos que ya he explicado, es de suma importancia que ni la menor sospecha recaiga sobre ti.

Edward Powell es soltero y entero, egoísta, miedoso, presumido, feo, cobarde, mohoso, estúpido, afeminado, glotón, perezoso, taimado, obeso, purulento, snob, pedante, clasista y algo simpatizante del nazismo si su misantropía no le impidiera formar parte de algo mayor que su onanista intimidad. Carente de formación especializada alguna, nunca ha trabajado, espera no hacerlo y sólo un estúpido pequinés echado a perder bajo su influencia es capaz de despertarle algo parecido a un cariño sincero. La opinión que le merece el mundo es que está bastante mal hecho y que todos a su alrededor, su tía especialmente, se esfuerzan de un modo absolutamente constante e indecoroso en causarle molestias que no desea tolerar, por lo que se dispone a urdir un plan perfecto para asesinarla y poder disponer libremente de su herencia, en vez de la humillante asignación anual que su única pariente viva le administra con inmerecida generosidad.

Con toda justicia, desde 1934 esta primera novela de Richard Hull (Londres, 1896-1973) nunca ha dejado de reeditarse y fue tan grande su acogida que Hull pudo dedicarse exclusivamente a escribir tras la publicación de la misma.

El asesinato de mi tía es una novelita de misterio divertidísima y muy bien escrita que, a su manera, no es ajena a la crítica social de una época y unos individuos a los que sólo la molicie y la propia imbecilidad les impide ser realmente dañinos. 

Para leer con litros de té muy oscuro (como el humor inglés que derrocha), a esta nueva Rara Avis de Alba que no cambia ni un ápice la vida de nadie tras leerla (ni falta que hace) le sobra calidad para seguir teniendo una larga vida en cualquier librería con una selección de suspense que aspire a la excelencia. 

Belén Rubiano.