El asesinato de mi tía
05 Feb 2018

El asesinato de mi tía

El asesinato de mi tía Richard Hull

05 Feb 2018

El asesinato de mi tía

Richard Hull

Alba

Una cosa es decidir que tu tía, de un modo u otro, va a acabar rodando cuesta abajo hasta el puente en el que te ha ofendido de tal modo, y precisamente delante del arbusto en el que se ha burlado y reído de ti, cuando su querida carretera está resbaladiza por culpa de la lluvia eterna de ese país de Gales que ella ama con idolatría e insensatez (…) y otra muy distinta organizarlo para que esa idea se concrete, sobre todo cuando, por los motivos que ya he explicado, es de suma importancia que ni la menor sospecha recaiga sobre ti.

Edward Powell es soltero y entero, egoísta, miedoso, presumido, feo, cobarde, mohoso, estúpido, afeminado, glotón, perezoso, taimado, obeso, purulento, snob, pedante, clasista y algo simpatizante del nazismo si su misantropía no le impidiera formar parte de algo mayor que su onanista intimidad. Carente de formación especializada alguna, nunca ha trabajado, espera no hacerlo y sólo un estúpido pequinés echado a perder bajo su influencia es capaz de despertarle algo parecido a un cariño sincero. La opinión que le merece el mundo es que está bastante mal hecho y que todos a su alrededor, su tía especialmente, se esfuerzan de un modo absolutamente constante e indecoroso en causarle molestias que no desea tolerar, por lo que se dispone a urdir un plan perfecto para asesinarla y poder disponer libremente de su herencia, en vez de la humillante asignación anual que su única pariente viva le administra con inmerecida generosidad.

Con toda justicia, desde 1934 esta primera novela de Richard Hull (Londres, 1896-1973) nunca ha dejado de reeditarse y fue tan grande su acogida que Hull pudo dedicarse exclusivamente a escribir tras la publicación de la misma.

El asesinato de mi tía es una novelita de misterio divertidísima y muy bien escrita que, a su manera, no es ajena a la crítica social de una época y unos individuos a los que sólo la molicie y la propia imbecilidad les impide ser realmente dañinos. 

Para leer con litros de té muy oscuro (como el humor inglés que derrocha), a esta nueva Rara Avis de Alba que no cambia ni un ápice la vida de nadie tras leerla (ni falta que hace) le sobra calidad para seguir teniendo una larga vida en cualquier librería con una selección de suspense que aspire a la excelencia. 

Belén Rubiano.

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