marzo 2018

Viewing posts from marzo , 2018

Canción dulce

Canción dulce

Leila Slimani

Cabaret Voltaire

Louise no contesta, o apenas, y las niñeras comprenden su silencio. Todas tienen también secretos inconfesables. Ocultan recuerdos horribles de sumisión, humillaciones, mentiras. Recuerdos de voces que apenas se oyen del otro lado del teléfono, conversaciones que se cortan, seres queridos que mueren sin que hayan podido despedirse de ellos, dinero reclamado día tras día para un niño enfermo, que ya no las reconocerá y se habrá olvidado del sonido de sus voces. Algunas, Louise lo sabe, han robado, menudencias, casi nada, a modo de impuesto recaudado sobre la felicidad de los demás.

1. Nada que ver con la novela, claro: Febrero de 2018. La desaparición de un niño de ocho años en la esquina sur más virgen del país moviliza a miles de voluntarios. El despliegue de todas las fuerzas de seguridad dispuesto por el Ministerio del Interior para los trabajos de búsqueda así como el interés de los medios de comunicación en cubrir el suceso son, cuanto menos, inusitados. Dos semanas más tarde, la pareja actual del padre del niño desaparecido es detenida con el pequeño en el maletero de su coche. Muerto. Había sido asesinado el mismo día que desaparició.

2. Nada: La detenida era, casi desde el principio, la principal sospechosa. Nacida en 1974 en un poblado de chabolas de la República Dominicana, había venido a España antes de cumplir los veinte años para ser feliz y tener cosas bonitas. En su país dejaba una niña pequeña a la que se trajo tan pronto como pudo procurándole un padre adoptivo con el que ya tenía otra hija. La pequeña, recién llegada y con cuatro años, cayó una noche desde una ventana del séptimo piso donde vivían. Muerta.

3. Nada, otra vez: Tras ir viviendo y abandonando distintos trabajos (alterne, carnicera, etc.) y distintas parejas sentimentales (maridos, novios, etc.) recala por fin en el Cabo de Gata, donde conoce al padre del niño que gracias a ella no viviría más de ocho años y es conocida como La Negra. Dado que en los últimos tiempos no tiene empleo laboral, ejerce a menudo de niñera de quien no es su hijo siendo casi inexistente la relación con su verdadera hija, la que dejó muy lejos del Mediterráneo con su padre voluntario y legal.

4. Nada de nada: Cuarenta y tantos. De nuevo, pelusas en los bolsillos. Tráfago estéril y rictus oxidado. El sueño del capitalismo produce monstruos. Nadie necesita leer a Victor Frankl para desconfiar de los vencidos. Ha caído tantas veces que el aire es su maestro y regresa a la casilla de salida en esta geografía entre dos aguas. Desea volver al Caribe y, quizás, ser feliz y tener cosas bonitas allí. El padre del niño que va a morir le dice que él se queda, con su hijo. Todos morimos.

5. Leer, ese verbo carente de peligros que sirve para conocerlos (o debería servir): Slimani mereció con Canción dulce uno de los Goncourt (es mi opinión) más merecidos de los últimos años. Mediante un argumento tan certero como sencillo y un estilo tan depurado como eficaz, la autora nos plantea la pregunta de cómo vamos a hacer para mantener nuestro bonito primer mundo si no nos queda otra que dejar a nuestros hijos al cuidado de los caídos, deshojados, humillados, violados y zaheridos.

La pregunta es tan buena como triste el pronóstico.

Belén Rubiano.

Palabras de perdiz

Palabras de perdiz

Miki Naranja

Editorial Comba

Cosas que hay que saber:

hay que distinguir 

un pájaro de otro,

encender un fuego,

guisar, la capital al menos

de seis estados africanos,

desabrochar con ligera torpeza

un sostén,

quiénes fueron tus antepasados,

cómo sujetarse en los detalles,

orientarse sobre un mapa,

abrir conservas,

nadar entre dos aguas.

Tocar un instrumento,

aunque sea una armónica 

de blues.

Aunque sea mal.

Hay que saber cuándo

empezar a concluir.

Hay que saber que el viaje siempre

comienza dentro.

Hay que distinguir el cielo 

de una noche de verano.

Hay que saber escribir cartas,

firmar cheques.

Hay que saber decir: te amo

y seguir viviendo

como si nada.

Miki es poeta y no se apellida Naranja. Poeta de raza, digo, y el tema de los cítricos, como muchas otras circunstancias que le rodean, da bastante igual. Son esas cosas que, supongo, pasan. Miki es poeta, os decía, y se llama Miguel Herranz. Si contar de qué cuerda es un novelista es, según la inspiración de ese día, más o menos arduo, hacer lo mismo con un poeta es lo más fácil del mundo, ya que cualquiera de sus poemas, abriendo el libro al azar, se basta a la hora de elegir o descartar lectores de su charca. Bajo una aparente sencillez formal, la obra poética de Miguel Herranz cultiva, a la manera humilde y minifundista, los insondables misterios de lo cotidiano. Miki habla consigo mismo mientras espera hablar con compañía. Porque las busca, encuentra verdades como puños semienterradas bajo la hojarasca que arremolina el céfiro para dejarlas donde están por no asustarlas. Miki conoce el instante justo del tiempo en el que se debe contener la respiración si deseas ser testigo de esos relámpagos de certidumbre que enseguida desasisten pero quedan.

Miki no existe, como no existe solidez alguna; quien firma los versos que más arriba os dejo es, apenas, un poeta que se llamará Miguel Herranz y que, por encima de todas sus visicitudes logísticas, ha encontrado su voz y, como decía Karl Kraus* no tiene el coraje suficiente para perderla.

Belén Rubiano

*Escribo porque no tengo el coraje suficiente para no escribir. Karl Kraus.