Palabras de perdiz
14 Mar 2018

Palabras de perdiz

Palabras de perdiz Miki Naranja Editorial Comba

14 Mar 2018

Palabras de perdiz

Miki Naranja

Editorial Comba

Cosas que hay que saber:

hay que distinguir 

un pájaro de otro,

encender un fuego,

guisar, la capital al menos

de seis estados africanos,

desabrochar con ligera torpeza

un sostén,

quiénes fueron tus antepasados,

cómo sujetarse en los detalles,

orientarse sobre un mapa,

abrir conservas,

nadar entre dos aguas.

Tocar un instrumento,

aunque sea una armónica 

de blues.

Aunque sea mal.

Hay que saber cuándo

empezar a concluir.

Hay que saber que el viaje siempre

comienza dentro.

Hay que distinguir el cielo 

de una noche de verano.

Hay que saber escribir cartas,

firmar cheques.

Hay que saber decir: te amo

y seguir viviendo

como si nada.

Miki es poeta y no se apellida Naranja. Poeta de raza, digo, y el tema de los cítricos, como muchas otras circunstancias que le rodean, da bastante igual. Son esas cosas que, supongo, pasan. Miki es poeta, os decía, y se llama Miguel Herranz. Si contar de qué cuerda es un novelista es, según la inspiración de ese día, más o menos arduo, hacer lo mismo con un poeta es lo más fácil del mundo, ya que cualquiera de sus poemas, abriendo el libro al azar, se basta a la hora de elegir o descartar lectores de su charca. Bajo una aparente sencillez formal, la obra poética de Miguel Herranz cultiva, a la manera humilde y minifundista, los insondables misterios de lo cotidiano. Miki habla consigo mismo mientras espera hablar con compañía. Porque las busca, encuentra verdades como puños semienterradas bajo la hojarasca que arremolina el céfiro para dejarlas donde están por no asustarlas. Miki conoce el instante justo del tiempo en el que se debe contener la respiración si deseas ser testigo de esos relámpagos de certidumbre que enseguida desasisten pero quedan.

Miki no existe, como no existe solidez alguna; quien firma los versos que más arriba os dejo es, apenas, un poeta que se llamará Miguel Herranz y que, por encima de todas sus visicitudes logísticas, ha encontrado su voz y, como decía Karl Kraus* no tiene el coraje suficiente para perderla.

Belén Rubiano

*Escribo porque no tengo el coraje suficiente para no escribir. Karl Kraus.

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