Cuentos escogidos
05 Abr 2018

Cuentos escogidos

Cuentos escogidos Shirley Jackson Minúscula Leo mucho

05 Abr 2018

Cuentos escogidos
Shirley Jackson
Minúscula

Leo mucho y leo compulsivamente, y es que vivo en Alaska donde la soledad y la última frontera te dejan espacio para montones de libros. Lo malo es que olvido con la misma energía. No tiene nada que ver con el efecto que me haya producido el libro, tanto si me gusta como si no, he de leer varias veces un mismo párrafo para hacerme con él, he de volver atrás, muy atrás, cuando retomo el libro tan solo un día después, y olvido, olvido casi todo. Pero Shirley se merece que no la olvide, que un día vuelva por aquí y recuerde por qué me gusta tanto cómo escribe y sobre lo que escribe. Lo primero fue Siempre hemos vivido en el castillo una joya tangible entre los dedos, con un personaje, Merricat, ella sí, inolvidable.

Hace apenas un par de días he vuelto a leer sus cuentos escogidos y sus conferencias y qué corto se me ha hecho, ¡y qué poco me han durado! Otra vez. Da igual que el tema sea una muela picada, un niño aburrido en un tren o una novia preocupada, Shirley Jackson convierte cada cuento en una experiencia profunda, incluso transformadora y en la que siempre se puede encontrar el propio reflejo.

Para Jackson no hay mejor fuente de inspiración que la realidad, la más cercana, la más doméstica, la cotidianidad como el escondite perfecto del terror. Porque lo cotidiano, como diría Alice Mc.Dermott, es un velo que cambia la realidad, o algo parecido. Lo auténtico y verdadero, lo doméstico, es el dolor por la pérdida o por una muela enferma.

La muela es un cuento perverso, una narración de terror perfecta en la que se revive físicamente el dolor insobornable de una muela en pie de guerra. Se sufre e incluso se llora, y el cuerpo se relaja al mismo tiempo que el de la protagonista cuando los calmantes hacen efecto.

Ocurre lo mismo con El amante demoníaco, cualquiera que haya sufrido abandono y desamor recorrerá de la mano de la novia las calles de la ciudad en busca de lo que sabemos que no encontraremos. Con la misma angustia, la misma inocencia y el mismo tremendo dolor.

Pero dolor dolor dolor… el de la dichosa muela.

Los prejuicios de Después de usted, mi querido Alphonse, la ceguera materna de Charles, la mezquindad de Siete tipos de ambigüedad o el horror de La lotería, sin olvidar el maravilloso juego de palabras y situaciones, y sentido del humor de La noche en que todos tuvimos gripe.  Nada, ninguna debilidad humana le es ajena a Shirley Jackson.

Y nadie debería perderse sus lecciones sobre escritura, sus consejos sobre la inspiración y el uso de las palabras. Sobre párrafos muy negros y muy espesos que asustan al lector. Sobre un vocabulario tan culto que es impertinente o sobre imaginar que el lector es tonto. El escritor escribe para que le lean, en eso encuentra la motivación para sentarse cada día delante del ordenador o de la libreta, no se trata, pues, de convertir al futuro lector en un enemigo.

Sandra Rodríguez-Orta Rigo

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