El baile
03 May 2018

El baile

El baile Irène Némirovsky Salamandra De nuevo

03 May 2018

El baile
Irène Némirovsky
Salamandra

De nuevo Antoinette se echó a llorar, pero más quedo, saboreando las lágrimas que se le colaban por las comisuras de la boca; un extraño placer la invadió bruscamente: por primera vez en la vida lloraba así, sin muecas, ni hipos, silenciosamente, como una mujer… Más adelante, derramaría las mismas lágrimas por un amor… 

La obra de Irène Némirovsky volvió para no volver a marcharse, consiguiendo el voto unánime de lectores rasos, libreros y críticos de lengua bífida sobre el tremendo valor de sus textos y así, de paso, rescatarla de una cámara de gas en Auschwitz para ocupar el lugar que merece.
El baile se digiere en un único bocado por su brevedad, pero hay quien lo engulle directamente y hay quien lo saborea o incluso muerde un par de veces antes de hacerlo pasar por la garganta. En el primero de los casos nos quedaremos con la imagen de la pobre Antoinette, anulada y frustrada en su juventud que asoma por todos los que la rodean y la reducen a una mota de polvo. Sentimientos que la llevarán a la venganza dejando a su pretenciosa familia, ciega a todo lo que no los conduzca al reconocimiento de la alta sociedad parisina, a la más terrible humillación según las leyes de la alta y rancia alcurnia.
Pero aquellos que presten un poco más de atención notarán los pedruscos que la autora de Suite francesa nos ha colado bajo la alfombra. La (no) relación con el otro / los otros, desaparecidos de las pocas páginas que reúne el texto y que condicionan todo lo que sucede en ellas, porque la ausencia también nos habla y nos esculpe con sus silencios, y eso le ocurre a cualquiera de tus vecinos, del primero al octavo piso.
Némirovsky demuestra verdadera maestría al mostrarnos todo eso a través de unos personajes esbozados en un momento muy concreto de sus vidas con todo su lastre, y que además parecen estar en los extremos opuestos del mundo. Pero no. Hay más, bastante más. Y sólo hace falta un ratito para darse cuenta.

María Pérez Cordero

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