Una noche con Sabrina Love
18 Jun 2018

Una noche con Sabrina Love

Una noche con Sabrina Love Pedro Mairal

18 Jun 2018

Una noche con Sabrina Love
Pedro Mairal
Libros del Asteroide

– ¿Y cómo se llamaba?
– Sabrina.
– ¿Y qué te hizo?
– ¿Me estás entrevistando? 

La vida empieza de cualquier manera y nunca se sabe cómo va a respirar. Cada biografía es como una madeja de hilo a la que, tras manosearla el tiempo suficiente, se le escapa un cabo. Luego tiras de ese extremo, vas desenrollando todo el hilo y acabas por tener una historia. La que sea, pero la tuya. A la manera en que nos ocupamos del hilo (que no se enrede, que no se rompa, que no se ensucie o todo lo contrario) solemos llamarla libertad. Al cabo que se suelta como por propia voluntad y del que tiramos, lo llamamos destino.
Es curioso el destino de Mairal. Nace en Buenos Aires un día como otro de 1970. Es un gran escritor pero nadie lo sabe y él menos que nadie, aunque es fácil suponer que alguna sospecha que otra, con más miedo que vergüenza, albergaría. A ver cómo te ganas la vida si has nacido siendo un gran escritor…
Sigo. En 1998 (aun sin calculadora es fácil deducir que no tenía ni treinta años) gana el Clarín de novela, el galardón más prestigioso de su país. En el jurado del premio está, entre otros, Adolfo Bioy Casares y a los lectores argentinos les da por pensar que el honor le queda grande y lo han premiado por ser su sobrino. Ni existe tal parentesco ni conoce al consagrado, pero el caso es que Argentina no se mata por leer Una noche con Sabrina Love. En España, Jorge Herralde compra los derechos de la novela para Anagrama pero, en vez de publicarla en la colección de Narrativas hispánicas (que era su lugar) lo hace en Contraseñas (que no lo era ni de lejos) con lo que tampoco queremos leer ese libro ni cuando, descatalogado, lo encontramos en puestos callejeros y librerías de lance. A Mairal no le queda otra que seguir escribiendo muy bien, claro. No como una vaca sagrada a la que le van a festejar cualquier tontería sino como el gran escritor que es aunque pocos lo sepan. Publica pues otras novelas (creo que Salvatierra es magnífica, aunque aún no he podido leerla) y algo de poesía. Sigue siendo un anti héroe espectacularmente dotado para la literatura aunque apenas si lo saben en su propio hogar. Hace un año escribe La uruguaya, uno de los mejores libros, en mi opinión, publicados en este balbuceante XXI. Lo demás, el reconocimiento y devoción que merece, ya lo sabemos muchos.
Como todos los grandes escritores, Mairal escribe y escribirá un solo libro: el viaje a Ítaca en su caso. Si en La uruguaya el protagonista necesita veinticuatro horas para ir y volver, en Una noche con Sabrina Love necesitará tres días. Lo importante es que todos somos (de chicos) Daniel Montero como, a mitad del camino de nuestras vidas, todos somos Lucas Pereyra. Lo importante es que Pedro Mairal ha tenido la mala suerte de que sus lectores tengamos una buena suerte que no nos merecemos y que, a estas alturas, difícilmente se nos puede malbaratar, pues hay un momento en la vida en el que uno escoge ya para siempre escribir bien y tocar el ukelele a ser una vaca sagrada que se enoja cada dos por tres toda vez que dos o tres (nunca son muchos más) se dan cuenta del engaño.
Yo creo que algunos destinos, como el de Pedro Mairal, son perfectos. Pero eso lo he sabido siempre; lo que mis prejuicios han aprendido es que una gran novela (Una noche con Sabrina Love, por ejemplo) puede dormir un sueño injusto durante veinte años delante de mis ojos y al alcance de mis manos.

Belén Rubiano

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