Toda una vida
17 Jul 2018

Toda una vida

Toda una vida Robert Seethaler Ed. Salamandra

17 Jul 2018

Toda una vida
Robert Seethaler
Ed. Salamandra

-La muerte es una porquería -dijo-. Con el tiempo vamos menguando. En unos pasa rápido, en otros puede durar más. Desde el nacimiento vamos perdiendo una cosa tras otra: primero un dedo, luego un brazo; primero un diente, luego la dentadura; primero un recuerdo, luego la memoria entera; y así sucesivamente, hasta que llega un momento en que ya no nos queda nada. Entonces meten nuestros últimos restos en un agujero, los tapan a paladas y listo.

Yo creo que en toda la vida (de un ser humano dado) nunca pasa nada. Por eso, cuando me apuro mucho por alguna tribulación cargada de amenazas, me digo: tranquila, resiste, nunca pasa nada. Y es verdad. Pasan muchas cosas, claro, felices y desgraciadas, pero yo creo que la vida es un caleidoscopio que continuamente nos ofrece todo como por primera y única vez aunque siempre estemos mirando las mismas piedritas de colores bajo posiciones distintas. Yo creo que, cuando somos jóvenes y radicales, creemos que una buena persona es la que hace cosas buenas pero, cuando nos acercamos al final, intuimos que una buena persona es la que muere sin haber hecho nada malo. Yo creo que una vida puede conocer muchos lugares del corazón antes de morir: el amor, un paisaje, una guerra, un campo de concentración, las pequeñas prostituciones con las que llenamos el carro de la compra… Pero nunca, nunca, nunca, pasa nada. Llamamos vida a una sucesión de opiniones propias más o menos erradas que desembocan en una final. Y yo creo, sospecho, temo, que este sí tiene su importancia y su razón de ser: cómo morimos. Ni siquiera me refiero a los últimos tiempos, estoy pensando en el último instante. No sé si me seguís, espero que sí.

Y ahora me dirijo a ti, A, querido amigo de nuestra común amiga N. Nunca nos conocimos y eso es lo de menos. Leías estos textos o reseñas y los comentabas con N. Ella me lo contaba y para mí era importante no defraudarte. Eras un otro exigente a quien yo sabía en el otro lado. Da igual, el caso es que N y tú os recomendabais libros. Eras un lector cuyo criterio le importaba a N aunque nunca fuiste cansino ni onanista con tus recomendaciones. Digamos que te importaba un bledo que otros leyeran lo mismo que tú. Pero un día, un viernes, pusiste mucho empeño: tienes que leer este libro cuanto antes, le dijiste. Te referías a Toda una vida. Al día siguiente, sábado, en tu cuarto de baño dejaste de existir. Tras tres días de completa soledad inane, te encontraron y certificaron lo debido. Quienes ya han leído este libro comprenden mucho. Quienes lo van a leer, comprenderán. ¿Qué viste en el baño? ¿Montañas nevadas y un aire tan limpio que los pulmones no lo pueden asimilar? ¿Qué veré yo en esa hora, desconocido A? Ya ves, al final me recomendaste un libro, así, sin conocernos. Un gran libro al que sólo la velocidad editorial puede impedir que se convierta en un clásico del XXI. No tiene la menor importancia.
Gracias por toda la vida de Andreas Egger, A.

Belén Rubiano

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