El blog de Caótica

Viewing posts from the El blog de Caótica category

Un debut en la vida

Un debut en la vida

Anita Brookner

Libros del Asteroide

.
Y es que la reciente experiencia de aquellos días pasados en silencio, paseando por calles extrañas, de comer sola y dormir demasiado, le había hecho flaquear en vez de ratificarse en la vida que había elegido. Salvarse del desorden con disciplina no le bastaba. Ahora quería salvarse de la disciplina y encontrar algo más dulce. 

.
1. No lo encontrará y os lo digo ya. Ninguno de sus personajes lo encuentra nunca.
2. Si alguien decidiera no leer Un debut en la vida por el destripe del punto uno me parece bien, pues a Anita le hubiera parecido fabuloso.
3. Algunos escritores (allá ellos) pretenden gustar a tantos lectores como posible sea. A otros, como a Anita, se les nota desde el primer párrafo que no. Yo no he venido aquí a seducir a nadie, parecen decir, lo que tengo que contar no creo que interese a demasiada gente y preferiría que quienes no deban leerme se vayan a leer a otro sitio, algo así. Y no por soberbia sino por una especie de respeto al acto de ser leído por forasteros y otros extraños, creo yo.
4. Anita Brookner (Londres, 1928-2016) se doctoró en Historia del Arte y llegó a ser muy reconocida en su campo, publicando algunos libros especializados que la distinguieron. Como la protagonista de Un debut en la vida, era hija única y nunca se casó.
5. Sin venir a cuento, cumplidos ya los cincuenta y tres años, escribe y publica Un debut en la vida. A partir de entonces (con contadas excepciones) escribirá y publicará una novela anual. Yo sólo he leído cuatro: extraordinarias. Curiosamente, su debut en la ficción (ésta que ahora edita en español Libros del Asteroide por primera vez) me ha parecido la más madura, pero las que publicó Tusquets se encuentran fácilmente en librerías de viejo por cuatro euros con la misma facilidad con que Whitman encontraba cartas escritas por Dios tiradas por las aceras. A diario, vaya.
6. Como todos los grandes escritores de raza, Anita siempre escribió el mismo libro. Su literatura narra a mujeres solas. Mujeres que esperan que por fin ocurra algo mientras sus vidas, sencillamente, se acercan al último telón. Mujeres cuya biografía es el verbo esperar. Mujeres que nunca han hecho daño a nadie y, lo que es peor, han pasado tan desapercibidas que tampoco han suscitado ese deseo ajeno de perjudicarlas salvo, acaso, por quienes más las querían.
7. Conclusión: Si Anita Brookner no es rana de vuestra charca, no la leáis y dejadla tranquila, que no lleva la pobre ni dos años de sueño eterno. Si ya la habíais leído, yo aquí no pinto nada, pues es seguro que os habréis tirado de cabeza sobre esta maravillosa traducción. Si estáis pensando en iniciaros con este Asteroide en Anita, apenas un consejo (pero porque os aumentará con creces el placer de esta lectura): leed antes, si no está ya entre vuestras lecturas más queridas, Eugenia Grandet de Balzac.
8. Ir hacia el final. Sin remordimientos. Eso es Anita.

.

Belén Rubiano

El asesinato de mi tía

El asesinato de mi tía

Richard Hull

Alba

Una cosa es decidir que tu tía, de un modo u otro, va a acabar rodando cuesta abajo hasta el puente en el que te ha ofendido de tal modo, y precisamente delante del arbusto en el que se ha burlado y reído de ti, cuando su querida carretera está resbaladiza por culpa de la lluvia eterna de ese país de Gales que ella ama con idolatría e insensatez (…) y otra muy distinta organizarlo para que esa idea se concrete, sobre todo cuando, por los motivos que ya he explicado, es de suma importancia que ni la menor sospecha recaiga sobre ti.

Edward Powell es soltero y entero, egoísta, miedoso, presumido, feo, cobarde, mohoso, estúpido, afeminado, glotón, perezoso, taimado, obeso, purulento, snob, pedante, clasista y algo simpatizante del nazismo si su misantropía no le impidiera formar parte de algo mayor que su onanista intimidad. Carente de formación especializada alguna, nunca ha trabajado, espera no hacerlo y sólo un estúpido pequinés echado a perder bajo su influencia es capaz de despertarle algo parecido a un cariño sincero. La opinión que le merece el mundo es que está bastante mal hecho y que todos a su alrededor, su tía especialmente, se esfuerzan de un modo absolutamente constante e indecoroso en causarle molestias que no desea tolerar, por lo que se dispone a urdir un plan perfecto para asesinarla y poder disponer libremente de su herencia, en vez de la humillante asignación anual que su única pariente viva le administra con inmerecida generosidad.

Con toda justicia, desde 1934 esta primera novela de Richard Hull (Londres, 1896-1973) nunca ha dejado de reeditarse y fue tan grande su acogida que Hull pudo dedicarse exclusivamente a escribir tras la publicación de la misma.

El asesinato de mi tía es una novelita de misterio divertidísima y muy bien escrita que, a su manera, no es ajena a la crítica social de una época y unos individuos a los que sólo la molicie y la propia imbecilidad les impide ser realmente dañinos. 

Para leer con litros de té muy oscuro (como el humor inglés que derrocha), a esta nueva Rara Avis de Alba que no cambia ni un ápice la vida de nadie tras leerla (ni falta que hace) le sobra calidad para seguir teniendo una larga vida en cualquier librería con una selección de suspense que aspire a la excelencia. 

Belén Rubiano.

Relatos

Víctor oyó la puerta del ascensor, los rápidos pasos de su madre en el corredor, y cerró de golpe su libro. Lo empujó debajo del cojín, fuera de la vista, e hizo una mueca al oírlo caer entre el sofá y la pared. La llave entraba ya en la cerradura.

Relatos.

Patricia Highsmith .

Anagrama.

  1. Patricia Highsmith nació bajo el signo de Acuario un día cualquiera de 1921 en un pueblo de Texas, que ya sabemos cómo las gastan. Con doce años cumplidos conoció a su padre y a su madre nunca le perdonó que durante su gestación intentara abortarla alimentándose con distintos venenos. Ineficaces todos, evidentemente, en lo que se refiere a dejar muy coja la historia de la literatura del siglo XX.
  2. Durante toda su vida prefirió el amor de las mujeres al de los hombres, el de los caracoles al de los gatos, el alcohol de pelo en pecho al desayuno continental y la soledad sin disfraces a todo lo anterior.
  3. Creó personajes amorales que roban, matan, mienten o usurpan otras identidades más convenientes que la propia porque la vida manda (pura vitalidad y resistencia), no por vicio y, para colmo, fue incapaz de castigarlos en las últimas páginas de sus libros. No hay cárcel, muerte o un poco de Orfidal siquiera (para dormir tras salir indemnes de sus aventuras) para sus malvados. 
  4. Era un poco misógina. Sus almas libres de culpa judeo-cristiana eran, casi todas, masculinas.
  5. Como tantas cualidades juntas no estaban lo que se dice demasiado bien vistas en sus Estados Unidos natales, se tuvo que venir a Europa hasta que, día cualquiera de febrero de 1995 (Locarno, Suiza) dejó de estar enfadada y pudo (ella) dormir. 
  6. Patricia Highsmith jamás escribió una oración en la que no pasara algo. Podía ser abrir una carta, subir los escalones de la oficina de American Express, falsificar una firma, llenar de agua los pulmones de alguien o comprar un sello, pero en cada una de sus líneas siempre está ocurriendo algo o a punto de suceder. Es por ello que Suspense (también en Anagrama, como toda su obra) es uno de los pocos libros sobre el oficio de escribir cuya lectura merece la pena y que leerla sin gratitud y respeto es tan poco adecuado como obstinarse en pensarnos decentes mientras lo hacemos o jurar inocencia propia sobre una Biblia robada.

Belén Rubiano.

Tenemos que hablar

Tenemos que hablar.
Tute.
Lumen.

 

Tute es para mí el mejor dibujante de humor gráfico surgido en los últimos años, Quino dixit. Yo soy más tosca y creo que Tute (1974, Buenos Aires) es un puto genio y pocas veces podréis, como dice un amigo mío, amortiguar tan bien los quince módicos euros que cuesta el libro. Ojalá Lumen siga editando en España su mirada sobre la vida en general y las relaciones de pareja en particular porque, por muy poquita cosa que seamos, nos merecemos a Tute.

 

Belén Rubiano

 

600 libros desde que te conocí

600 libros desde que te conocí.

Virginia Woolf.

Lytton Strachey.

Jus.

St. Ives, Cornualles. 22 de abril de 1908.

(…) Me haría ilusión que me respondieras. Estoy tremendamente charlatana porque desde que te vi no he vuelto a hablar salvo para ponerme de acuerdo sobre lo que hay que cocinar.

Tuya, 

Virginia Stephen.

Hampstead, N.W. 23 de abril de 1908.

Querida Virginia,

Tu carta vino a consolarme en mi soledad, causada por un resfriado que ha retornado más virulento y nasal que nunca. Estoy probando el remedio desesperado de no moverme de la misma habitación (…)

Tuyo siempre,

G(iles) L(ytton) S(trachey).

Conocéis ese estado en el que, apenas comenzado un libro, sentís que podríais estallar de sorpresa y gratitud por haber tenido la buena estrella de llegar a esas páginas, ¿verdad? Creo que las personas que afirman que la vida les parece algo decepcionante es porque se niegan a aceptar que a pocos momentos tan intensos puede aspirar quien diga: mi vida es plácida y no deseo quejarme.

Esta edición de la editorial mexicana Jus recopila las cartas que, entre un 22 de noviembre de 1906 y un 10 de diciembre de 1931, intercambiaron Virginia Woolf y Lytton Strachey. Si el crítico literario, biógrafo y escritor inglés falleció apenas un año después del fin de esta correspondencia, Virginia Woolf aún viviría una década más hasta que un día de 1941 decidiera apagar su infierno particular en las aguas y cantos rodados del río Ouse.

Y aún sigo deslumbrada por el hallazgo inesperado y no lo quiero gastar con orate despilfarro sino con la ruindad de quien sabe que pocas veces se imprimen páginas de esta calidad. Por favor, son sólo cartas pero ¿cómo se puede escribir, sentir y pensar así? Con ese buen humor, inteligencia, delicadeza y voluntad de vestir a cualquier cosa de la que se informe de alta literatura.

Conclusión: un lujo y si el lector, además, se confiesa voyeur sin despeinarse, un lujo inmerecido.

Belén Rubiano.

Mundo es

Mundo es.

Andrés Trapiello.

Editorial Pre-textos

“A las doce de la noche salimos a la terraza. Hacía un blindadísimo frío. Las estrellas, pocas, como diamantes que no han pasado aún por Spinoza, en bruto. Daba miedo tocarlas, por si cortaban. Acabábamos de hablar por teléfono con R. y G. Habríamos querido estar con ellos, donde quiera que estuviesen, quedarnos en un rincón de su dicha, sin estorbarla, sentados en el sueño, como esos inditos andinos que se pasaban la vida también como las estrellas, pero de barro, tristeando”.

  1. Porque suelen desconocer que el mundo entero no hay manera de contarlo, los escritores que lo intentan suelen escribir unos libros insoportables que, como mucho, sirven para calzar muebles o atizar con él a algún malandrín de esos que aparecen cada tanto con ánimo de molestar. La única manera de contar el mundo es narrar una calle y, si acaso, una chispita más pero no mucho. Eso es lo primero, que luego es preciso saber mirar y saber escribirlo, claro.
  2. Justo lo anterior es lo que lleva haciendo casi treinta años (desde 1990) Andrés Trapiello (conchabado con los de Pre-textos) para bien de algunos (tampoco somos tantos) publicando sus diarios. Reunidos bajo el título genérico de Salón de pasos perdidos, conforman una suerte (gracias, Señor) de novela en marcha y cuentan una calle (Conde de Xiquena, Madrid) y un poquito más, pero alcanzan a contar el mundo.
  3. Las casas antiguas, las solariegas y tal, solían contener una sala, nominada como el salón de los pasos perdidos, que conducía a otras estancias pero en las que no debía pasar nada que no fuese justo ese estar de paso y sostener, por unos instantes, el peso del alma entre un pie y el otro. En los diarios de Trapiello, a imitación de eso que llamamos la vida por no saber acotarlo mejor, tampoco pasa nada y pasa todo. Porque eso es algo que sabe cualquier científico que no sea un cenutrio: la vida es permanente mutación para que nunca pase nada salvo lo que opinemos de ella.
  4. No soy fan de las novelas de Trapiello ni de su poesía (jamás lo he sido), entre otras cosas porque no están a la altura de la absoluta genialidad de estos diarios y, si yo fuera él, me importaría un bledo. Estas páginas son inmortales y, cuando nadie se acuerde de todo lo que ahora se lee con alborozo, la desforestación de los bosques (unos cuantos, porque vamos por cerca de dos docenas de diarios muy poblados) que se han necesitado para imprimir estas páginas suyas seguirá siendo justa.
  5. Dado que, más que intentar convencer a nadie, apenas si pretendo avisar a los adeptos de que habemus nueva entrega, ni me molesto en escoger fragmento y recojo, sin más, el primer párrafo del libro. El resto es igual. Absolutamente prodigioso.

Belén Rubiano.

Amor no correspondido

Amor no correspondido

Barbara Pym

Gatopardo ediciones

Maravillosa. Me confieso una ignorante ante la posibilidad de averiguar (antes de tiempo, digo) si respirar merece la pena o si esto que llamamos vida no es más que un sueño intrascendente entre dos mundos importantes, pero una cosa sé con certeza: leer a Barbara Pym mientras uno sabe que nunca sabrá, sí vale la pena. Algunos fines de semana, además, me parece que es la única opción lúcida.

  1. Barbara Pym (1913-1980) fue mujer, inglesa, escritora, guionista, miembro del International African Institute (el mismo que financió las locas tribulaciones de Mungo Park) y soltera del todo.
  2. Escribió tres libros que obtuvieron un éxito más que notable cuando se publicaron.
  3. Sin que nada ocurriese que lo pudiera explicar y durante quince años, que se dice pronto, ningún editor quiso volver a publicar nada suyo y la pobre no daba abasto para archivar cartas de rechazo. Ni siquiera este libro impagable que hoy recomiendo por aquí.
  4. Del mismo modo inexplicable, transcurrido ese páramo, le aceptaron otras tres novelas que gustaron muchísimo (a ver) y ella, para celebrarlo, decidió morirse.
  5. En nuestro país fue pálidamente traducida a mediados de los años ochenta aunque desconozco en qué medida fue leída. Actualmente, gracias a la jovencísima editorial Gatopardo (que, además, cuida sus traducciones), leerla y quedar eternamente agradecidos es una tarea que no presenta la menor complicación. 
  6. Un sentido del humor y de la ironía siempre al servicio de la dulzura, una inteligencia finísima, muchas tazas de té (muchísimas, pero no sobra ni una), una concepción tragicómica e hipersensible de las aspiraciones más íntimas, una atmósfera emoliente y un montón de mujeres (véase punto 7) que no saben qué hacer con su vida; de todo lo anterior están hechos sus libros.
  7. Porque las mujeres somos las protagonistas absolutas de su obra pero, ojo, a la manera de Almodóvar: vidas sutiles, ingrávidas y gentiles como pompas cosméticas que (a menudo) se quiebran al roce del primer lechuguino que pasa por una acera con (para colmo) un libro o Biblia en la mano. Mujeres que sólo en el silencio de pensarse a sí mismas pueden llegar a rozar la secreta ambición de vivir para algo más.
  8. Muy pocos escritores son capaces de demostrar página a página dos tesis tan certeras como opuestas: la primera que, desde la Segunda Guerra Mundial, absolutamente todo lo que atañe a usos, costumbres y gestión de la vida cotidiana ha cambiado tanto que apenas si documenta el cese de un tiempo yerto. La segunda que, desde las mismas fechas, no hay nada (pero absolutamente nada) que haya mutado siquiera un ápice.

Belén Rubiano.

Basada en hechos reales

Basada en hechos reales
Delphine de Vigan
Ed. Anagrama
.
En cuanto recurres a la elipsis, en cuanto estiras, comprimes, llenas los agujeros, entras en la ficción.
.
Dudo mucho que dentro de unos años los libros de Delphine de Vigan se sigan reeditando. Y no es mala en absoluto, pero es que tampoco es buena. Para empezar, me desagrada muchísimo oler el sudor del escritor al que leo. Y sí, todos transpiran copiosamente durante la confección de sus libros pero algunos, los grandes de verdad, limpian todo ese proceso antes de entregar el libro a la imprenta. Sus historias parecen como esas esculturas que estaban, tal cual, dentro de la piedra y el artista apenas si ha tenido que desbrozar lo que sobraba. Abandoné en las primeras páginas la lectura de Nada se opone a la noche y de ellas solo tengo un vago recuerdo escatológico y la certeza de que aguantar el tirón no me aportaría nada, por lo que no puedo opinar. Basada en hechos reales es mi primer (y último) intento con la Vigan.
.
Primer inciso: No sé por qué he escrito antes que no es mala en absoluto, ya que la única manera de leer el último tercio de esta novela es en diagonal y sólo si uno tiene mucha curiosidad por saber cómo ha resuelto la autora el final, que ni siquiera por saber cómo acaba.
Y justo ahora me pregunto si quiero seguir o no (no) reseñando este libro que me ha parecido malo (pues no es mi estilo) pero, teniendo en cuenta que no puedo hacerle el menor daño (es fácil de leer y morbosa, pero poquito), me quedo tranquila con sus futuras ventas y voy al trigo:
.
1. Delphine de Vigan posee cierta originalidad (aunque no demasiada) y algunas ideas buenas que hasta dan para tomar notas y subrayar algunos párrafos.
2. Sus temas son interesantes: el sentido de la narrativa actual, la arquitectura de un libro cualquiera, la necesidad de lo biográfico, el valor de la no ficción, en fin, todo eso.
3. Se maneja relativamente bien dosificando la intriga aunque ese mal escritor (ejem) que es Stephen King la supere con creces. Además, el mundo no necesitaba una mala copia de Misery, que es lo que es este libro suyo.
4. Es capaz de dar forma a una idea con bastante tino. El problema es que la repite hasta agotarla y desposeerla de la fuerza que tuviera como si quien lee no fuese a notar lo que a todas luces parece un esfuerzo por alcanzar una paginación que permita al libro venderse a tanto. Ciento treinta páginas hubieran bastado para imprimir una historia más que pasable a cuya última página no llegara el lector con inmenso alivio.
.
Segundo inciso: Creo que sigo adelante con esta no reseña (aunque me sabe mal) porque me parece que es útil para una reflexión que me interesa. ¿Qué convierte a un escritor mediocre en un éxito editorial mientras que hay cientos de miles de autores mucho mejores que no llegan a vender mil ejemplares?
.
5. La protagonista de Basada en hechos reales es la misma Delphine de Vigan. Tras el éxito ensordecedor (y enriquecedor) de Nada se opone a la noche no sabe por dónde tirar, no se le ocurre nada (pobrecita) y conoce a L, quien será , desde entonces, su nueva mejor amiga. En esta sociedad del espectáculo que se copia infinitamente a sí misma, Delphine se pregunta sobre lo que hay que darle al lector de novelas. Parece ser que algo tan baladí y exiguo como este libro es su respuesta.
.
Último inciso: Cobramos (en general) tan poquito a cambio de vender ocho horas diarias (con suerte) de nuestras jornadas laborales que creo que por eso he escrito esta (no) reseña. Aunque vete a saber (no soy ninguna santa) si no habrá en mi ánimo algunos gramos de venganza por las horas gastadas en financiar la propia banalidad de una francesa rica y, si así fuese, pido disculpas a quien corresponda.
.
Belén Rubiano.

Mensaje al resto de los hombres

Patricia Andrada
Mensaje al resto de los hombres
Ed. Maclein y Parker

 

Parece exagerado pero
cada mañana
tras el despertador,
como un rumiante,
regurgito tu muerte y vuelvo a digerirla
-mastico con mi pluma sus nutrientes vacíos-
y sigo normalmente con el día.

 

Ningún poemario te libra de una mala tarde, de una racha infame o de un festivo con alma de suicida. Para leer poesía hay que estar fuerte. Es el lector quien la libra a ella de todo mal. Por eso tiene menos adeptos que la novela, por eso se vende poco la poesía. Un buen poema solo sirve, si acaso y como mucho, para librarte de todo el peso que arrastras desde que empezaste a vivir. Por eso nadie se desprende, cuando toca hacer sitio para libros nuevos en viviendas medidas para la infravida, de sus libros de poesía. Por eso en las librerías de segunda mano, si tienes paciencia y esperas sólo un poco, alcanzarás a llevarte por seis o siete euros cualquier título de narrativa y todas las novedades de ficción, ensayo o biografías que aterrizan de balde en las redacciones de prensa con sede en cada localidad; pero no de poesía. En ellas, poco más encontraremos que algún Machado en sepia de los que daban los periódicos a cambio del cambio apenas, el único libro de Camões y puede que, por esas otras epopeyas tras repartos injustos de vidas que siguieron su camino con dos alquileres donde antaño latió una hipoteca, algún Valente abandonado. Pero nunca armarán, y digo nunca, una buena sección de poesía.

 

Belén Rubiano.

Música acuática

Música acuática
T. C. Boyle
Ed. Impedimenta

¿Qué otra cosa podía hacer? Su vida se había transformado.
Despertaba con Fanny en la cabeza, salía a pregonar su caviar, pero sólo pensaba en ella, caía abatido en la cama, atormentado por una pena parecida al hambre, pleno y vacío al mismo tiempo, siempre soñando con Fanny, Fanny, Fanny. Había tenido docenas de mujeres. Putas y mozas de tabernas, campesinas, dependientas, floristas, hijas de pescaderos y caldereros, enfermeras, niñeras, borrachas y tías guarras: las Nan Punt y las Sally Sebum del mundo. Cuestión de ejercitar su órgano, tan sencillo como eso. Meterla y sacarla. Pero esto, esto era diferente. Esta vez su corazón estaba involucrado. Y su mente.

Hay dos maneras de leer “Música acuática” y una sola razón para no hacerlo de ninguna de las dos; que uno conozca mejores cosas que hacer en la vida que leer libros libres y maravillosos hasta la crueldad:
1. A pequeños sorbos. Dejándolo cerca e ir saboreándolo de poco a poco. No hay la menor posibilidad, por muchos otros libros que se vayan intercalando en la lectura de éste, de entregar a la desmemoria sus personajes, tramas o ambientes. Se retoma como si nunca se hubiera interrumpido su lectura.
2. Del tirón, claro.
Cada tanto (cada mucho tanto) nace un escritor que no necesita en lo más mínimo seguir herencia literaria alguna, se lo inventa todo y hace cuanto le place con la pluma o la tecla. T. C. Boyle (1948, Peekskill, Nueva York) es de esa estirpe de hijos sin padres. En “Música acuática” (aunque eso es lo de menos) narra las aventuras inventadas de un personaje histórico: Mungo Park (Escocia, 1711 – Nigeria, 1806)* , el hijo de granjeros que habiendo tenido acceso (cosa rarísima) a estudios superiores de botánica y medicina le propone a la African Association ir a África para seguir el curso del ignoto Níger (los geógrafos europeos sólo tenían conocimiento de este río mitológico por las escasas referencias de algunos clásicos, como Plinio). Mungo pretendía demostrar que sus aguas no fluían hacia el oeste sino, tras mil giros orates durante un curso de más de cuatro mil kilómetros por el interior, justo en sentido contrario. Con dicho propósito, en 1794 la primera y en 1803 la segunda, realizó dos expediciones que son la base de la trama de T. C. Boyle en “Música acuática”.
Además, pero no menos, la historia en paralelo del peor de los hombres, de ese hijo de la grandísima puta, inigualable (por abajo), llamado Ned Rise.
Aviso de avisadora: el asterisco que engalana el paréntesis que recoge las fechas del principio y el fin de la vida encarnada del auténtico Mungo Park es un destripe en toda regla. Si a mí me avergonzara nuestra lengua (o se me quedara corta) sería también un spolier, pero no es el caso.
Resumiendo: si como yo, creéis que las navidades son las fechas más adecuadas para ningunear los reclamos de novedades editoriales, pero es el tiempo, como una vez me dijo un señor, de “armar, en condiciones, la biblioteca para los chicos”, este volumen es una elección mucho más allá del acierto seguro.

Belén Rubiano.