El blog de Caótica

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sylvia

“¿sabes qué creo? … creo que cuando eres tan feliz, cuando alcanzas ese grado de felicidad tan desbordante, contraes una deuda con la vida… te estoy hablando en serio, ¿eh? y… esa deuda acabarás pagándola tarde o temprano, como la pagué yo.”

 

Celso Castro.

Editorial Destino.

 

lo ha vuelto a hacer este hombre. que yo no quería leer sylvia porque estaba segurísima de que no podía ser mejor que entre culebras y extraños, que no es sólo que un libro te guste tanto que te mejore la aspereza de vivir sino que te sorprenda como un regalo casi personal, no sé si me explico -que yo sé que es imposible que una editorial se gaste su dinero en un libro que a mí me hacía falta ¿me entiendes?- y también sabía que sería leer el mismo libro que la otra vez, porque Castro es un escritor de verdad aunque, además, escriba. quiero decir que no es de esos que dicen pues bueno a ver si se me ocurre una historia y la vertebro y la visto con palabras y a lo mejor se vende, que eso es lo que hacen casi todos los escritores y a mí me parece bien porque si lo mejor que uno hace es inventarse historias y contarlas es justo, dime tú si no, que quiera pagar así sus cosas de capricho y sus suministros básicos. que es lo mismo que hacen los mecánicos de fórmula uno o -yo qué sé- los que te quitan el gotelé con perlita antes de que te pongas a gritar y nadie dice que deberían ganarse la vida de otra forma. de una forma normal y amar con normalidad, pero yo te juro que lo menos normal de este mundo es un ser humano normal y de eso habla Castro en sus libros, de lo raro que es atravesar el día y anochecer sin matarte de una sola vez en vez de minuto a minuto. y del amor de los anormales -yo la primera- y que sabemos que hacemos daño sólo con vivir y que la alternativa no es para todo el mundo. que te lo digo así de claro y sin tonterías, que hay que leer a Celso Castro. y si te crees -que no me molesto, yo soy así como tú- que no soy nadie para afirmar tanto, que sepas que Vila-Matas lo dijo hace mucho tiempo, mucho antes de sylvia, además: dice que es un acto de justicia poética advertir de su subversiva valía y, por una vez, hasta se ha quedado corto. que ahora sigo, no te vayas, pero te tengo que decir que no entiendo todo lo que les cuesta a los consagrados reconocerles su mérito a los coetáneos, que yo creo que se creen que van a perder la interinidad en el país semanal o algo peor. a ver si no que cuando les preguntan lo que están leyendo y resulta que todos andan con un Turgeniev rarísimo, que yo creo que lo leen en ruso o en una traducción latinoamericana y censurada del sesenta y tres, por lo menos. bueno, y Aramburu, que a él tampoco le parece que avalar a Isabel Bono -es un ejemplo, ¿eh?- le vaya a defraudar vender más patrias, que es buenísimo, además. y sigo con lo que te decía, que nosotros, al menos, podemos leer sus libros e ir tirando, pero no sé qué hará este hombre si no se lee, ni puede esperar un libro suyo nuevo en los anaqueles que, como él dice, hasta para suicidarse hay que tener ánimo… pobre Celso.

Belén Rubiano

David Linde en ‘Librero por un día’

David Linde fue el primer ‘Librero por un día’ de Caótica. Tuvimos el placer de tenerlo una tarde por nuestro espacio, al que trajo no sólo su entusiasmo por algunos de los libros que ama, sino varios discos de su colección musical, que estuvo poniendo de fondo mientras hablaba con varios amigos y curiosos que por allí se acercaron. Su pasión por la música (es promotor de Nocturama y Tour Manager de grupos como Maga), hizo que esta vez se decantara por recomendar cuatros de los libros que para él han resultado más inspiradores. ¿Quieres saber cuáles son y por qué? Así lo cuenta David Linde:

‘Cómo funciona la música’, de David Byrne. Reservoir Books.
Uno de esos libros fundamentales que te explican con las palabras más sencillas lo que indica su título. Cómo funciona la música en su sentido más amplio. En su aspecto más técnico, como músico o aficionado, las claves para que la próxima vez que escuches una canción la disfrutes el doble. Escrito magistralmente por David Byrne, uno que acaba de llegar a esto.

‘Música de mierda’, de Carl Wilson. Blackie Books.
Una vuelta de tuerca a los gustos musicales que, una vez sustraídos del ego de cada uno, se convierte en un ensayo excelente y divertido que como diría Nick Hornby “te obliga a preguntarte quien diablos  eres”. Para personas sin prejuicios.

‘Instrumental’, de James Rhodes. Blackie Books.
Más allá del ruido mediático y comercial,  este libro atesora muchos y geniales valores. La música clásica vista con el glamour de la música rock y con el hilo conductor de una historia personal y terrible que se convierte en un relato vitalista y lleno de alegría. El mejor libro para adentrarse en la música clásica sin miedos ni complejos y de paso, afrontar lo terrible de la vida  con el valor de un niño.

‘Mystery Train’, de Greil Marcus. Editorial Contra.
La mejor forma de adentrarse en la historia de la crítica musical, la cultura pop y de paso, dar un paseo por la historia de Norteamérica en  la última mitad del siglo XX a través de sus músicos relatores. Un repaso a los autores contemporáneos del rock norteamericano escritos en el mismo instante en que estos suceden.

Ese mundo desaparecido

“Montooth tenía los mismos años que el siglo, pero se sentía más viejo. Daba la sensación de que lo único que uno aprendía al hacerse mayor era que siempre llegaba una nueva hornada de gente dispuesta a cometer las mismas estupideces que la anterior. Nadie aprendía nada. Nadie evolucionaba.”

Dennis Lehane.

Ese mundo desaparecido.

Ed. Salamandra.

Hay tres clases de personas: quienes somos de Chandler, quienes son de Hammet y los que van a morir sin saber en qué bando militaron. Si yo no fuera tan desdichadamente joven y el veintiséis de marzo del cincuenta y nueve hubiera tenido la oportunidad de llorar, lo habría hecho. Amargamente, además. Ese día dejó de escribir Raymond Chandler. De haber sabido que Dennis Lehane, berreando, ocuparía su lugar un cuatro de agosto apenas seis años más tarde, habría secado mis lágrimas a la misma velocidad que una bala te enseña a decir adiós. La vida es demasiado larga y, en casi toda su duración, poco más que un estanque sucio donde mueren los nenúfares. Vosotros sabréis si os podéis permitir perderos esta joya pero, quien no entiende un aviso tampoco entiende una extensa reseña y yo creo que la pereza aún tiene mucho que enseñarme. Dios bendiga a Lehane y vigile la correcta reproducción celular de todos sus órganos vitales porque, con un poco de suerte, podré firmar mi último informe de actividad con algún libro suyo recién traducido entre las manos.

“Sólo los niños creen que la vida tiene algo que ver con sus deseos.”

Belén Rubiano.

Leonor de Aquitania

Que la historia la escriben los vencedores, una frase que algunos ponen inicialmente en boca de Winston Churchill y otros en la del autor de 1984, George Orwell, no tiene para mi mucha discusión. Es por eso que cuando encuentras personajes históricos que consiguen hacerse un hueco en esa lucha de poderes que es la civilización a pesar de pertenecer, en un principio, al enorme grupo de los perdedores, me resultan todavía más, si cabe, apasionantes. Leonor de Aquitania (1124-1204) podría ser un ejemplo perfecto de esto: una reina que, en un mundo de hombres en una época donde la fuerza militar parece el único lenguaje político conocido, en donde la mujer no es más que una moneda de cambio en ese lenguaje bélico y en donde las luchas territoriales muchas veces se solucionan con contratos matrimoniales de niñas que nada pueden hacer por cambiar su futuro, se convierte en la llave de la formación de los dos reinos más poderosos de la época: las futuras Francia e Inglaterra. Recorrer su periplo vital es fascinante, sorprendente y enriquecedor. Su inteligencia política unido a una longevidad atípica para la época la hacen un personaje clave para entender la historia de esta Europa de la que seguimos intentando formar parte. Régine Pernoud en su libro Leonor de Aquitania publicado por Acantilado y con traducción de Isabel de Riquer, comparte esta misma pasión por el personaje. Historiadora y experta medievalista realiza una biografía minuciosa y vibrante que a pesar de ser rica en datos históricos y muy precisa en los hechos, sin duda interesará desde al lector más exigente como al neófito. Una lectura apasionante que nada tiene que envidiar al mejor de los capítulos de ‘Juego de tronos’…y si no lean y nos dicen.

Guillermoro

La uruguaya

“El mundo no es para los tipos como vos y yo. Eso de andar con varias minas, ganar mucha guita, reventarla, tener autos caros. No nos sale. Vos no podés porque en el fondo no querés. Preferís ser melancólico, como yo. Te incomoda la plusvalía.”

Pedro Mairal.

La uruguaya.

Libros del Asteroide.

No sé si también os pasa, pero yo necesito en ocasiones leer en español con voseo o meterme en una sala de cine y flotar en cualquier cosa en francés por mala que sea. Desde el primer día que salió de la imprenta, el papel aún caliente, quise leer esta novela. Me apetecía, además, sumergirme en la historia a ciegas y sin haber explorado siquiera las primeras páginas que siempre se pueden leer de balde picando en el mail de novedades de la editorial. Pero me pasaron muchas cosas aquellos días y hubieron de pasar algunos meses hasta que pude disponerme a leerlo. Mientras tanto, había oído algunas campanas que tañían que se leía con agilidad aunque sin más y había leído infinidad de reseñas que, destacando casi todas los muchos méritos del libro, subrayaban la misma cita. Decidí que si un libro tan breve tiene una sola frase (espléndida, aunque me niegue a repetirla aquí), perfectamente podía yo vivir sin leerlo. Hasta que un amigo que me conoce bien (leyendo) me insistió en que era realmente bueno y, de paso, me contó el argumento sin olvidarse de nada (como pude comprobar aunque, a día de hoy, siga sin explicármelo). Afortunadamente, Mairal ha escrito, libre de la menor brizna de relleno, una historia tan buena y bien contada, que es completamente irrelevante conocer la trama de antemano. La novela trata sobre el sexo, el amor y el dinero. Si para escribir (nosotras y nosotros) hace falta una habitación propia, también lo es, me parece, innegociable para amar. Mairal reflexiona sobre la evidente caducidad del amor en nuestras líquidas vidas y despoja de hipocresía la tremenda farsa que, casi siempre, se oculta detrás de cualquier pareja estable. ¿Y si sólo pudiéramos coger (linda palabra) con desconocidos?

“Debe haber un resultado químico de nivelación después de años de mantener una coreografía constante. Mismo lugar, mismas rutinas, misma alimentación, vida sexual simultánea, estímulos idénticos, coincidencia en temperatura, nivel económico, temores, incentivos, caminatas, proyectos… ¿Qué monstruo bicéfalo se va creando así? (…) Es pura asfixia la idea.”

Si, casi siempre, los piropos excesivos de las fajas hacen un flaco favor al libro (por no decir que le dan caza) a “La uruguaya” no le quedan grandes. Yo también creo que Pedro Mairal ha escrito una novela perfecta y que, a Luquita, lo que le pasó fue aquel dos por ciento en el que no puede permitirse dudar. Pero algunas derrotas valen su peso en plata y un oukelele cuesta, casi siempre, mucho menos de lo que vale. Menos mal.

Belén Rubiano.

Estirpe

“Esa mujer ha enterrado a varios de sus hijos, y ha visto enterrar a muchos otros. Y sabe que la maldición sin remedio es sobrevivir a tus propias criaturas. Es un corrimiento de tierras que derrumba los edificios, un aliento venenoso que mata con la respiración, una riada que inunda y arrastra lo que encuentra a su paso, una tempestad que azota las rocas.”

 

Había leído en la interesante columna que tiene el escritor Gregorio Morán ( El Cura y los Mandarines. Akal, 2014) en el periódico La Vanguardia (y que tan buenas recomendaciones literarias me aporta), que esta novela era un caso en este momento editorial extraño por la calidad y la contundencia de la misma. Hablaba de “novela soberbia y rotunda” y tengo que decir que no ha exagerado ni un poquito. ESTIRPE, de Marcelo Fois, es un novelón con los ingredientes de los que están hechas las grandes novelas sobre familias forjadas a base de dolor, muerte y violencia; pero es también ambición y lucha por salir del espacio al que la historia los ha condenado. Con el telón de fondo de la Gran Guerra europea, ESTIRPE, se convierte en un relato extraordinario de la tragedia que derrumbó al Hombre abocándolo a la locura y al horror.

Primer tomo traducido de la trilogía de la familia Chironi y sin duda recomendación que hacemos con firmeza. Lean ESTIRPE y ya nos dirán…

Karenina

Picnic en Hanging Rock

“Eran exactamente las tres. Siempre hay algún instante en nuestro globo giratorio que no se deja medir bajo los parámetros que empleamos habitualmente para controlar el paso del tiempo. Es algo que experimentan a diario millones de personas. De pronto dan con un fragmento de la eternidad que jamás tendrá relación alguna con el calendario ni con los movimientos del reloj”.

Joan Lindsay.

“Picnic en Hanging Rock”.

Ed. Impedimenta.

Hubo un tiempo, y no hace tanto, en el que los hombres y la naturaleza eran una sola cosa. Nuestros antepasados podían hablar con los árboles, con las piedras o con los ríos, y hasta entendían sin malentendidos el lenguaje de los pájaros, las estrellas o las huellas todas. Luego quisieron dominar la naturaleza, crearon una lengua nueva y la llamaron dinero o religión. Poco a poco y casi sin sentirlo, la naturaleza renunció a nosotros y nos negó su idioma, olvidándonos. Pero, del mismo modo que nosotros aún tenemos recuerdos antiguos de antes de nacer calcificados en los huesos, también lo natural parece conservar esa ancestral glotonería de nuestro sabor. Yo creo que de eso tratan tanto “El flautista de Hamelín” como esta historia de Joan Lindsay. Dotada de una inmensa capacidad para el embrujo al escribir, de una prosa mansa y exuberante al mismo tiempo, de fina y constante ironía y de tanta ambigüedad como doble y sensual sentido, la señora Lindsay, para contar su verdad, nos ha engañado a todos. Si se pudiera decir de un libro que es tan delicioso como perturbador, “Picnic en Hanging Rock” es ese libro. Muselinas blancas, glicinas, brisas suaves, nenúfares, grandes acacias, álamos temblorosos, muchos cisnes, algún pavo real, arroyos rumorosos y luces amables invaden cada página de la historia a la par que el lector avanza cada vez más sobrecogido y perturbado. Una radiante mañana de San Valentín de 1900, unas adolescentes de buena familia internas en un colegio de Australia se dirigen a Hanging Rock para celebrar un picnic. Tras el almuerzo, cuatro de las alumnas y una de las profesoras piden permiso para explorar La Roca más de cerca. Tres de las niñas y la profesora de matemáticas no regresarán nunca ni se hallará de ellas rastro alguno. La única niña que vuelve (si más tarde apareciera alguien más no os lo pienso decir aquí) lo hace completamente transtornada y jamás contaría nada de lo que allí sucediera aquella tarde. Joan Lindsay tuvo la ocurrencia, hasta el final de sus días (afirmando la realidad del suceso narrado) de presentar su historia como crónica, y así debe ser leída. El libro es maravilloso pero acercaos a él con cuidado pues, desde su publicación en 1967, no tiene lectores sino adeptos cautivos y enamorados. Quienes hayáis visto la hipnótica película que, siguiendo las pisadas del texto coma a coma, en 1975 firmara Peter Weir sabréis ya que no exagero nada.

Belén Rubiano.