El blog de Caótica

Concurso: Libros Viajeros Caótica 2019

Libros Viajeros Caótica 2019

Por tercer año lanzamos ‘Libros Viajeros’, una propuesta para seguir virtualmente conectados en el verano a través de la lectura. Durante el periodo estival, queremos recibir fotografías de vuestros libros por el mundo: desde lecturas en el patio de vuestra casa a la sombra de un árbol, a lecturas en playas de Cádiz o cualquier lugar del mundo.

Desde el miércoles 10 de julio hasta el sábado 31 de agosto abrimos el concurso #LibrosViajerosCaótica.

¿Cómo participar?

Simplemente queremos que subas a redes sociales (Facebook, Instagram o Twitter), una foto en la que aparezca tu libro y parte del punto geográfico donde lo estés leyendo, que se vea un poco el entorno (nos vale playa, piscina, montaña, jardín, ciudad, museo, plaza, bar…). ¿Qué quieres aparecer tú también en la foto? Encantados de veros las caras.

Imprescindible: Añadir el hashtag #LibrosViajerosCaótica y nombrar a Caótica (Facebook: @espaciocaotica; Instagram: @espacio_caotica; Twitter: @espacio_caótica).

Recordatorio MUY importante: revisad la privacidad de la foto, debe ser pública para que podamos verla.

Sorteo y regalos

El sorteo se hará el día jueves 8 de septiembre y lo retransmitiremos en directo a través de Instagram Live Stories.

Número de ganadores: 2

Premio Caótica:  Estamos a tiempo (Nórdica libros) + Cosas que no quiero saber (Literatura Random House) + libro ‘Coloring book’ + pack de material de papelería (portaminas y nota adhesiva)

Premio del Público: Preferiría ser amada (Nórdica Libros) + El coste de vivir + (Literatura Random House) + libro ‘Coloring book’ + pack de material de papelería (portaminas y nota adhesiva)

 

Pedro Mairal

Una noche con Sabrina Love, La Uruguaya y Maniobras de evasión

Pedro Mairal

Libros del Asteroide

Mairal es capaz de hacer del bostezo un cuento y de un culo respingón y prieto una novela. Su arte consiste en calibrar y medir las palabras exactas. Quiero cien gramos de prosa. Por favor, solo cien. Ni un gramo de más ni de menos. Prefiero que falte a que sobre. Guarda celoso su secreto: Una palabra de más y la magdalena no sube. En ‘Una noche con Sabrina Love’, ‘La Uruguaya’ y ‘Maniobras de evasión’, consigue esa exactitud difícil de calibrar cuando se juega con los sentimientos. Y Mairal es puro sentimiento, fragilidad y emoción. Cóctel difícil de manejar para un escritor. Sabés, boludo, me gustaste.

Gonzalo Yut

 

Leviatán o la ballena

Leviatán o la ballena.

Philip Hoare.

Ático de libros.

Nada representa la vida en una escala tan descomunal. Ver una ballena no es como ver un gorrión en un árbol de la ciudad o un gato cruzando la calle… Las ballenas existen más allá de lo normal, más allá de lo que esperamos en nuestras vidas cotidianas. Casi son más geográficas que animales, si no se movieran, sería difícil creer que están vivas. En su tamaño son antídotos a nuestras existencias.

Hacía tiempo que tenía ganas de esta lectura. La he recomendado después de que mi librera de referencia (los libreros también tenemos libreros/as de referencia, no hay nada más rico que el flujo de recomendaciones entre libreros) me la recomendara hace tiempo, cuando todavía no tenía edición de bolsillo y fuera, entre las novedades, una rareza entre ensayo y memorias deliciosa. Reservé esta lectura para disfrutarla en el marco adecuado: horas de no hacer «nada» por delante, la cercanía del mar con la música incesante de su oleaje y, por supuesto, un faro con su secuencia de luz y oscuridad.

La oscuridad propicia para narrar el horror de la caza indiscriminada de estos monumentales mamíferos; los usos industriales gracias a los que, a lo largo de la Historia, los balleneros se han valido de su magnificencia para hacer grandes fortunas; las ballenas han sido animales de los que se podía «aprovechar hasta los andares» aunque no hayan tenido dicha facultad pero podríamos decir que sí hasta de sus «nadares». Curiosidades tales como la que Londres se convirtió en la ciudad mejor iluminada en 1740 gracias al aceite de ballena… Y desde entonces comida para las masas de hambrientos tras las dos grandes guerras del siglo Xx, dato difícil de condenar ante la inclemencia de una cruda realidad humana, triste que, una vez más, paguen con su vida por los excesos humanos unas criaturas tan al margen de nuestra estulticia; velas, grasa para las máquinas, pienso para el ganado, cosméticos y perfumería de la más exclusiva… parece imposible que su grandeza quede disminuida a un calibre tan ridículo, anodino o cotidiano. La Humanidad es especialista en atentar contra la Belleza y reducirla a lo miserable. Especialista en cagarla.

Luz para arrojarla sobre Melville y cómo llega, después de otras novelas menos agraciadas, al argumento de su gran novela, el proceso de escritura y el momento histórico en la que se forja, sus influencias y la carga simbólica de una de las obras más significativas de la literatura universal: Moby Dick. La luz de la ciencia que desgrana el mito de la existencia de estos cetáceos en detalles para componer una imagen más al alcance, menos extraña, y hacerlos hasta menos hipnóticos y menos míticos pero nunca menos subyugadores.

Philip Hoare, en «Leviatán o la ballena» , nos ofrece un narrar de la conciencia, el rumor de sus memorias, como un oleaje, la madre, la infancia, y un recorrido histórico y sociocultural de nuestra percepción de las ballenas y su lugar en el mundo. Una lectura que es un viaje por los océanos del mundo persiguiendo el emigrar de esta especie imponente y un recorrido interior entre las luces y las sombras de Philip Hoare o nosotros mismos.

Y despues es fácil que queden ganas para leer su siguiente ensayo «El Mar interior». No hacen falta días de verano ni cercanía del mar en realidad, leer a Philip Hoare es como estar de vacaciones.

 

Maite Aragón

Con amor, Simon

Con amor, Simon

Becky Albertalli

Puck

El caso es que he estado dándole vueltas a la idea de las identidades secretas. ¿Alguna vez te has sentido prisionero de ti mismo? No sé si me explico. Quiero decir que, en ocasiones, tengo la sensación de que todo el mundo sabe quién soy menos yo.

Debo decir que me alegro muchísimo de haber leído este libro, y de que se esté haciendo tan famoso. Porque, seamos sinceros, nunca un libro donde el protagonista fuera heterosexual se había hecho tan famoso. ‘Con amor, Simon’, consigue que nos pongamos en la piel de un adolescente que no es igual a sus amigos y aunque tiene clara su sexualidad, no sabe cómo mostrarla. Leyendo este libro, puedes ser consciente de los problemas que pueden tener la gente que no son heterosexuales, y sobretodo en el instituto. Que los adolescentes pueden ser muy crueles. Pero no todo es triste, (aunque puede que se me haya escapado alguna lágrima), también me he reído con algunas escenas, y había momentos donde me sentía comprendida o donde la ternura era tan grande que solo quería poder entrar en el libro y abrazar a Simon.  ‘Con amor, Simon’, es un libro muy fácil de leer, dinámico y con unos personajes que son de lo mejor. Así que, definitivamente lo recomiendo, porque además, trata cosas que no estamos tan acostumbrados a ver. Y que los adolescentes deberíamos ver como normal.

Lara

A mis mejores amigos no los he visto nunca

A mis mejores amigos no los he visto nunca

Raymond Chandler

Debolsillo

Lo importante es que haya un espacio de tiempo, digamos cuatro horas al día al menos, en que un escritor profesional no haga nada más que escribir. No tiene que escribir, y si no se siente en condiciones no debería intentarlo. Puede mirar por la ventana o hacer el pino o retorcerse por el suelo. Pero no debe hacer ninguna otra cosa positiva, como leer, escribir cartas, mirar revistas o firmar cheques. Escribir o nada. Es el mismo principio que sirve para mantener el orden en la escuela. Si se puede hacer comportar a los alumnos, aprenderán algo solo para no aburrirse. A mí me funciona. Dos reglas muy simples: a) no es obligatorio escribir; b) no se puede hacer otra cosa. El resto viene solo.

1. De raíces irlandesas, Chandler (Chicago, 1888- La Jolla 1959) fue un gran escritor (y, sin embargo, íntegro) que gracias a su talento y sólo a él, acabó por poder vivir de su escritura. Su biografía no es gran cosa: origen irlandés del que no se enorgullecía, sin hijos, sin hermanos, una sola mujer que olvidó contarle su verdadera edad cuando se casaron (y a la que nunca abandonó por más que casi toda su vida en común fuera una anciana mentirosilla con muchos achaques), más de cien mudanzas y poca fe en el ser humano empezando por él mismo. Era tímido, descreído, asocial y puede que misántropo. Escéptico como él sólo, pero nunca un cínico, ya que sabía demasiado bien lo que cuesta vivir y esperar el final como para despreciar a nadie. Conceptos, circunstancias y situaciones sí que despreciaba. Mejor que cualquier otro, además.

2. Si el punto uno pudiera parecer una hagiografía, puedo añadir la misoginia al esbozo de su perfil. De vez en cuando, como en esta carta a James Sandoe, se descuelga con algo así y se queda tan tranquilo: ¿Por qué las mujeres escriben libros tan corrientes? Su poder de observación de la vida cotidiana es espléndido, pero nunca parecen desarrollar ningún color. A lápiz y al lado veo que he dejado una pregunta: ¿a qué mujeres has leído, Raymond?

3. A lo que iba: además de sus opiniones sobre esto y aquello (Hollywood, la Mafia, los gatos, lo banal que es casi todo el mundo o los entresijos del mercado editorial) esta recopilación de su correspondencia es lo mejor (con mucha diferencia) sobre la literatura que yo he leído hasta la fecha. Por doce euros (y aún le sobrarán unos céntimos al lector) estas cartas constituyen en sí mismas, además de un soberano placer para la lectura, un verdadero máster literario en el que Chandler demuestra que el Emperador siempre, siempre, siempre va desnudo. Lo poco que queda tras el paso de la comitiva real son algunos libros buenos de verdad y un buen puñado de lectores que pasan de la crítica profesional. Es tanto lo que Chandler nos regala en estas páginas que el escritor que las lea se cansará de subrayar si es que no está tan entusiasmado que el cansancio no le parezca un acto fuera de lugar. No me cabe la menor duda sobre lo que la lectura de estas cartas puede hacer por los que ya son escritores (inéditos o no). A nadie que no sea escritor o pretenda serlo le debe interesar, por otra parte, esta correspondencia privada. Nadie que desee saber cómo ser un escritor, dice Chandler, será nunca un escritor y, quien pregunte cómo llegar a serlo, por definición, se desenmascara. Nadie que le dé una gran importancia a los libros lo será nunca tampoco, pues el escritor sabe mejor que nadie que cualquier hasta el lector más empedernido renunciará antes a un libro que al alcohol, los pasteles, el sexo o el tabaco. Supongo que a Chandler le hubiera parecido una buena obra desanimar o consolar a los que no han sido elegidos, pero también sabe que tal cosa es imposible pues el requisito primordial sería el reconocimiento, por parte del escritor mediocre, de serlo. Como comprenderéis, leerlo significa una bonita ventaja competitiva para quienes lo hagan y no tengo el menor interés en recomendaros este libro; que una cosa es ser buena y otra muy distinta tener algún interés en la santidad. En definitiva: un tostón que os aburrirá tanto como observar la piel de una mandarina sólo porque a vuestro maestro zen le parece una buena idea.

4. Por cierto, si no habéis leído El largo adiós, os la recomiendo. No sólo no ha envejecido nada desde 1953, sino que cada día aumenta su vigencia y está mejor escrita. Una obra maestra que queda muy lejos del resto de las novelas del propio Chandler, pero a la altura de Cervantes, Shakespeare o Dickens. Lo sé, pero todavía no te meten en la cárcel por atrevida.

5. Por cierto, ¿os he contado alguna vez que, en mi opinión, el mundo se divide entre los que son de Hammett y los que somos de Chandler? Bueno, pues ya lo he hecho.

6. Este punto seis lo escribe la disociada que hay en mí. La que publicará esto en vez de quedarse el máster para ella sola. La que espera que el post os haya parecido largo y hayáis detenido antes la lectura. La que tendría que volver a nacer para dejar de recomendar un libro que le parece un hallazgo. Menos mal que en agosto sois todos felices muy lejos de cualquier reseña (como debe ser) y el viento de septiembre se llevará también estas palabras.

 

Belén Rubiano

La puerta del bosque

La verdad es que creo que he leído La Puerta del Bosque justo en el momento en el que debía leerlo. Ha sido un soplo de aire fresco, entre tantas novelas oscuras y tristes que no paran de publicarse ahora mismo.

Cuando comencé a leer el libro no podía parar y me sentí como cuando era pequeña y mi madre me leía un cuento antes de dormir.

Pero también he sentido que ahora al ser mayor, me doy cuenta de que todo lo de esos cuentos no era tan bonito como lo pintaban.

Este libro es precioso y está tan bien escrito que se lo recomiendo a cualquier persona. Tanto como a adolescentes que sean adictos a la lectura o a adolescentes que no hayan tocado un libro en su vida (más que los obligatorios). Este es un buen libro para comenzar y engancharles.

Realmente, lo he disfrutado muchísimo. Es un libro tan original, y con unos personajes tan extraordinarios que es alucinante leerlo. Te transporta a otro lugar de una forma muy natural y perfecta. Ha sido un gran descubrimiento para mí.

 

Lara

Toda una vida

Toda una vida
Robert Seethaler
Ed. Salamandra

-La muerte es una porquería -dijo-. Con el tiempo vamos menguando. En unos pasa rápido, en otros puede durar más. Desde el nacimiento vamos perdiendo una cosa tras otra: primero un dedo, luego un brazo; primero un diente, luego la dentadura; primero un recuerdo, luego la memoria entera; y así sucesivamente, hasta que llega un momento en que ya no nos queda nada. Entonces meten nuestros últimos restos en un agujero, los tapan a paladas y listo.

Yo creo que en toda la vida (de un ser humano dado) nunca pasa nada. Por eso, cuando me apuro mucho por alguna tribulación cargada de amenazas, me digo: tranquila, resiste, nunca pasa nada. Y es verdad. Pasan muchas cosas, claro, felices y desgraciadas, pero yo creo que la vida es un caleidoscopio que continuamente nos ofrece todo como por primera y única vez aunque siempre estemos mirando las mismas piedritas de colores bajo posiciones distintas. Yo creo que, cuando somos jóvenes y radicales, creemos que una buena persona es la que hace cosas buenas pero, cuando nos acercamos al final, intuimos que una buena persona es la que muere sin haber hecho nada malo. Yo creo que una vida puede conocer muchos lugares del corazón antes de morir: el amor, un paisaje, una guerra, un campo de concentración, las pequeñas prostituciones con las que llenamos el carro de la compra… Pero nunca, nunca, nunca, pasa nada. Llamamos vida a una sucesión de opiniones propias más o menos erradas que desembocan en una final. Y yo creo, sospecho, temo, que este sí tiene su importancia y su razón de ser: cómo morimos. Ni siquiera me refiero a los últimos tiempos, estoy pensando en el último instante. No sé si me seguís, espero que sí.

Y ahora me dirijo a ti, A, querido amigo de nuestra común amiga N. Nunca nos conocimos y eso es lo de menos. Leías estos textos o reseñas y los comentabas con N. Ella me lo contaba y para mí era importante no defraudarte. Eras un otro exigente a quien yo sabía en el otro lado. Da igual, el caso es que N y tú os recomendabais libros. Eras un lector cuyo criterio le importaba a N aunque nunca fuiste cansino ni onanista con tus recomendaciones. Digamos que te importaba un bledo que otros leyeran lo mismo que tú. Pero un día, un viernes, pusiste mucho empeño: tienes que leer este libro cuanto antes, le dijiste. Te referías a Toda una vida. Al día siguiente, sábado, en tu cuarto de baño dejaste de existir. Tras tres días de completa soledad inane, te encontraron y certificaron lo debido. Quienes ya han leído este libro comprenden mucho. Quienes lo van a leer, comprenderán. ¿Qué viste en el baño? ¿Montañas nevadas y un aire tan limpio que los pulmones no lo pueden asimilar? ¿Qué veré yo en esa hora, desconocido A? Ya ves, al final me recomendaste un libro, así, sin conocernos. Un gran libro al que sólo la velocidad editorial puede impedir que se convierta en un clásico del XXI. No tiene la menor importancia.
Gracias por toda la vida de Andreas Egger, A.

Belén Rubiano